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¿Sabés que pensé mucho en vos estos años? Te lo juro. Era como una obsesión. Y cuando te vi me acordé todo de golpe. Porque vos estás igual. Estás idéntica. Mirá que pasaron años, eh, pasaron cosas, y vos estás igual. Igual a la que era la alcahueta de la celadora, a la que me regaló dos saleros de plata cuando yo no tenía más que un colchón en el suelo para dormir. Igual. Así que ahora Dora, despreciable compañerita, inolvidable hija de puta, ¿por qué no te vas a la mierda?

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Ana. En La historia oficial de Luis Puenzo.