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“Esto es sólo para los marginados de toda la vida, para los coleccionistas de pesadilla, para los que han ligado poco y mal, para aquella juventud de los ’50 obsesionada con el “estudias o trabajas”, para los miles y miles de empleados de bancas, de seguros y reaseguros, para representantes, dependientes y cosas por el estilo que nunca llegasteis a ser ingenieros de camino como quería mamá. Para los tímidos, acomplejados, homosexuales y paquilleros, para los que se avergüenzan de sus cuerpos flácidos y esmirriados en las playas y piscinas, y también, cómo no, para las agotadas amas de casa que en su juventud -que por cierto, ¿os acordais de vuestra juventud?, ¡hace ya u millón de años!- ibais al váter siempre acompañadas de una amiga para animaros en ese último toque a los labios, a las medias o al sujetador, a ver si por fin aquel Príncipe Azul llamado Arturo, de camisa de cuello italiano y corbata estrechita con nudo Wilson se fijaba en vosotras… y lo triste es que se fijó”.

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José Miguel García Carande. En Solos en la madrugada de José Luis Garci.

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