El rastro del viento

“Lolita” (Condicionada)

Hay una esfera que creemos como propia que no puede ser más que ajena; es una movilidad inamovible en la que transitamos quizás demasiado acríticamente, aunque toda autocrítica debe ya ser mancomunada; un debate sobre lo profundo debe partir incuestionablemente desde lo simple, desde el momento en que todo nuestro entorno se vuelve algo tan lejano… Hubo un tiempo en que las tierras y los cielos tuvieron nombres silenciosos, que se tocaban; en silencio, las tribus de dedos y narices les rendían homenaje a las costras del tiempo. Los nombres vienen ahora a pisotear dedos y cielos; desconocidas las raíces, tiñen las paredes de simbolismo abstracto que las gentes no pueden aprehender; alienados, terriblemente alienados, tan lisas las paredes de palabras que no se pueden palpar los contornos. No, luces y sombras no engañan al tacto.
Esa esfera es la que los “Ladrones de medio pelo” (2000) de Woody Allen entretejen con frenesí en su nuevo palacio, escalada de la pobreza a la cumbre social: hechos artísticos, todos, tantos, atiborrados como museo histórico de pueblo -y el círculo sigue-; rococó, no como sustancia, sino de una forma corrompidísima, colores y plumas y art decó y sillones reales y arpas y panderetas, habitaciones del sinsentido que culturizan a los nuevos burgueses. Se llenan de cultura, cultura de otros, paredes y muebles y pisos de otros, que les son para ser quienes no, tan construidos en el cosmopolitismo que desconocen el espacio para lo verdaderamente propio. El debate por el ser, la identidad, todo se vuelve tan engolosinado como vacío, quizás porque desde lo enteramente elemental (el uno) se intenta el ellos, raza homogénea de nadies.
La casa de Charlotte Haze es ese intrincado mundo de mundos que cita Woody Allen; Humbert debe maravillarse con el exquisito eclecticismo de su casera, pero es un profesor europeo y representa al burgués ilustrado que se espanta con lo representativo del nuevo orden: el amalgamiento de los hechos de la industria cultural, todos reunidos en cCM34_Gada escondrijo habitable –bueno, ya no-. “El vestíbulo tenía diversos adornos: un carrillón que sonaba cuando se abría o se cerraba la puerta, un extraño artefacto de madera, producto de la artesanía industrial mexicana, que recordaba vagamente un pájaro de ojos blancos, y la reproducción preferida por la clase media presuntamente ilustrada, La
arlesiana, de Van Gogh. Una puerta abierta a la derecha dejaba ver una sala con más trastos mexicanos en una rinconera y un sofá a rayas contra la pared”*. Hubiese querido hacer una enumeración exuberante y grandiosa, pero me rindo ante la magistralidad de Nabokov. Y es que es preciso decir, sin más, que Nabokov manifiesta en Lolita el cambio de época , el desplazamiento del burgués ilustrado por la sociedad massmediatizada**. Sigue diciendo Nabokov, bajo el relato de Humbert: “Era a todas luces una de esas mujeres cuyas pulidas palabras pueden reflejar un club del libro, o un club de bridge, o cualquier otro aburrido convencionalismo, pero nunca su alma”*. Nunca su alma. Nunca eso que le es enteramente propio, en oposición a lo impuesto por la industria. Nunca su aura, dirá Benjamin***. Y a propósito de Benjamin, pensará en “Experiencia y pobreza”: “El intérieur obliga al que lo habita a aceptar un número altísimo de costumbres, costumbres que desde luego se ajustan más al interior en el que vive que a él mismo”****. Y es que definitivamente esta nueva forma de intervención de la sociedad en sus hogares es una forma de borrar los rastros, de no dejar huellas, no ya por imposición de una idea burguesa de lo “bello” como lo pensaba Benjamin, sino por la imposición del batallón cultural en ciernes que atrofia las mentes y obstaculiza su forma de expresión auténtica.
Que quede claro: no es que ya nada del hombre se exterioriza en su hacer diario; de hecho, la pseudo-elección –puesto que es privativa en tanto determinada- de entre todos los productos que ofrece la industria cultural, es una expresión de lo propio de cada ser. Pero los medios que elige, los medios y géneros que elegimos para expresarnos nos son enteramente ajenos e impuestos, y son enteramente determinados por la moda, lo cool y lo legitimado. En este punto, nadie escapa, porque todos tenemos nuestras medidas para lo cool, todos acabamos por legitimar a algo o a alguien, o a ambas cosas, que ya se confunden, y cuando más creemos escapar, más atrapados estamos. Es entonces que se vuelve casi imposible pensar en la tabula rasa, que implica desenmarañar no ya a un modo imperante de “lo bello”, sino a un conjunto demasiado heterogéneo que se manifiesta en forma de uno, a la vez caja de sorpresas y puerta de mazmorra.
Y pareciera que todos debiéramos ir a Hollywood, o a Nueva York, como Lolita; pareciera que son esas casas centrales de la cultura las que legitiman, las que definen el ordenamiento de nuestros espacios y de nosotros mismos. Pareciera que nuestras vidas debieran ordenarse como en un plató y que en el star system están nuestros modelos a seguir. Pareciera, en fin, que todas nuestras manifestaciones tienen el sello de MassMediado.Inc, y que no queda un punto ciego para el Gran Hermano, un punto ciego en el que podamos ser sencillamente nosotros, despojados de la carga constitutiva, seres entre los seres de la constelación y los vientos y la tierra y esa hoja que cae y se va.
Si no una revolución, al menos una reforma, una vuelta a lo primitivo; ese es el reto. Un momento (que peligra, está claro: puede bien ser reinsertado) en el que, desnudos y en la tierra, dibujemos con polvo nuestro tiempo, nuestras visiones y principios y fines; un momento en el que, con el viento y las ramas y las notas de los demás seres, entonemos esa canción primigenia llena de sonidos auténticos, verdaderos rasguidos del alma, y no ya palabras plenamente al servicio del orden imperante; un momento en el que los huesos y las articulaciones se dejen ser con el entorno, se confundan con él; un momento en el que los olores escriban nuestras historias y nos acerquen al mundo; un momento en el que, barrido el producto de sus ojos, podamos ver con los nuestros, ciegos al fin si no se nos permite ver.
Sólo así las paredes y los rincones se llenarán de humanidad, sólo así construiremos una patria auténtica y nuestra, ahí donde

La manzana es un manzano
y el manzano es un vitral
el vitral es un ensueño
y el ensueño un ojalá
ojalá siembra futuro
y el futuro es un imán
el imán es una patria
patria es humanidad

el dolor es un ensayo
de la muerte que vendrá
y la muerte es el motivo
de nacer y continuar
y nacer es un atajo
que conduce hasta el azar
los azares son mi patria
patria es humanidad

mi memoria son tus ojos
y tus ojos son mi paz
mi paz es la de los otros
y no sé si la querrán
esos otros y nosotros
y los otros muchos más
todos somos una patria
patria es humanidad

una mesa es una casa
y la casa un ventanal
las ventanas tienen nubes
pero sólo en el cristal
el cristal empaña el cielo
cuando el cielo es de verdad
la verdad es una patria
patria es humanidad

yo con mis manos de hueso
vos con tu vientre de pan
yo con mi germen de gloria
vos con tu tierra feraz
vos con tus pechos boreales
yo con mi caricia austral
inventamos una patria
patria es humanidad*****.

*Lolita, Vladimir Nabokov.
**Fantasmas, Daniel Link.
***La obra de arte en la época de su reproducción técnica, Walter Benjamin.
****Experiencia y pobreza, Walter Benjamin.
*****Patria es humanidad, Mario Benedetti.