El profesor (Detachment), Tony Kaye. EEUU, 2011.
[Una película confesional]
La película se centra en la figura de Henry, un profesor sustituto de literatura cuya tarea es estar un tiempo en los cursos reemplazando hasta que aparezca un titular; un trabajo peregrino que evita la pérdida de horas de clases por parte de los y las alumnos y alumnas.
Su vida es solitaria y está marcada por una tristeza profunda: el suicidio de su madre. Habita un departamento austero, de noche sale a pernoctar por las calles de la ciudad callada, fuma a veces y es un témpano, excepto en las escenas en las que visita a su abuelo y se le caen gestos de ternura maravillosos. Y excepto también cuando mira a sus alumnos. Henry es un profesor que ve al otro no como amenaza ni como un ser que está perdido, sino que es capaz de zambullirse en los chicos y en las chicas, entender su aburrimiento y su apatía. Quiere sacudirlos. Tiene cierta fe que surge de los escombros, al menos antes del final de la película.
Decimos que El profesor es confesional porque plantea un diálogo entre varios planos: uno es el que inicia la película -el confesional, podríamos decir-: un primer plano del personaje que pide quedarse solo en una habitación, quiere hablar y lo hará a lo largo de casi dos horas. En ese espacio soltará la palabra y con ella nos dejará entrever algo más de su interior convulsionado. En este plano conocemos sus reflexiones más profundas, lo que piensa y siente, sobre todo de su realidad laboral, es decir de la realidad educativa.
El segundo, en orden de aparición, es el plano sepia del recuerdo de su madre. Escenas menos nítidas, algo borrosas por el paso del tiempo que nos presentan a esta mujer que con una decisión marcó la personalidad del protagonista: se empastilla y él es el niño que la encuentra muerta en su casa. Ese recuerdo junto con el amor que ella le ha legado, acompañan siempre al Henry, están todo el tiempo emergiendo.
Y por último, el tercer plano es el de la “realidad” actual del personaje , en el que somos testigos de su cotidianidad. Por un mes empieza a trabajar en una escuela que está al borde del colapso debido al bajo nivel de rendimiento de alumnos/as, a las licencias y renuncias constantes de docentes que no dan más y a los aprietes de los de arriba que vienen a exigir que todo esto se levante de una vez, así como por arte de magia. Aquí conoce a Meredith, una talentosísima fotógrafa y artista alumna del curso en el que reemplaza y que sufre el hostigamiento y la discriminación por su peso. No sólo sus compañeros le recuerdan que está gorda y que debe adelgazar, sino que su padre tiene ese mismo discurso y así la van empujando, pasito a paso a un callejón sin salida.
Por otra parte, en este plano vemos cómo Henry se encuentra con una niña prostituta y la lleva a su departamento para alimentarla, hacerla descansar y curarle heridas de una violación reciente. También, le exige a la pequeña hacerse el análisis de HIV. La cuida, la acompaña, la protege y la deriva cuando siente que ya nada puede hacer por ella o, en realidad, la deriva para no comprometerse demasiado en ese vínculo. Henry no está acostumbrado a los vínculos: sus decisiones fueron siempre en dirección de cierta independencia afectiva. Por eso transcurre un tiempo y suelta.
También, y por último, en este plano del día a día del personaje lo acompañamos a visitar a su abuelo –padre de su madre- que vive en un geriátrico, se encierra en el baño cuando lo carcomen los recuerdos y ya parece no poder seguir. Tiene un cuaderno que el protagonista le dejó con la ilusión de que escribiera sus memorias y con ellas entones Henry pudiera poner más luz sobre sus recuerdos.
Este es el plano de lo inminente. En el primero, él está solo confesándose. En el segundo, asistimos a su pasado –no hay amenaza real-, pero en este último sentimos en el pecho esa sensación de que todo va a caerse. Aunque, a decir verdad, El profesor plantea que todo se ha caído ya y sólo nos quedan pequeñas hendijas como para levantar algo, salvar los restos. Es una película sin concesiones que, a diferencia de Escritores de la libertad o La sociedad de los poetas muertos, no plantea a la escuela como lugar de salvación ni nada por el estilo, sino todo lo contrario –por eso el final de Meredith- o, nos deja pensando en la escuela como espacio de pequeñas victorias, guiños amables que nos permiten seguir.
¿Qué pasa con la palabra en esta película? Hay dos claves: el primer ejercicio que este profesor sustituto le plantea a sus alumnos y alumnas y el cuaderno vacío de su abuelo. Él les hace pensar y escribir –sin preámbulos, en la primera clase- qué pensarían los otros en el día del funeral de cada uno. Así los enfrenta con lo único seguro que tenemos: la muerte. Y al abuelo le regala ese cuaderno esperando una confesión que en él está latente, pero nunca puede leerla en boca del anciano.

Ser y tener (Être et avoir), Nicolas Philibert. Francia, 2002.
En “Ser y tener” el afuera se vuelve insistente. En el documental de Nicolas Philibert las clases en una escuela rural de Francia se mezclan ineludiblemente con el día a día de los alumnos del profesor López. Un solo profesor para acompañar el proceso de aprendizaje de niños de todas las edades del nivel primario, desde quienes aprenden las primeras letras hasta quienes buscan manejar las ecuaciones para no fallar en el nivel superior de la escuela urbana.
Suena a muy cercana toda la atmósfera que envuelve al profesor López, sus alumnos y sus familias. Sucede en Francia pero la realidad que presenta es también posible en las escuelas rurales argentinas, y también para algunos niños que viven en zonas rurales y viajan día a día a la zona urbana para ser educados. Incluso, por las actividades que realizan en el campo estas familias, se vuelve muy cercana a la realidad de la Pampa lechera (y sojera, sobre todo) en la que vivimos.
El documentalista mezcla la cotidianeidad en esa sala escolar que comparten y se acompañan niños de diferentes grados escolares, con la vida rural. El profesor se sienta con todos. El pizarrón es un lugar marcado por cada trazo de esa sala. El poder de control que ejerce es un verdadero acompañamiento que muchas veces prima en lo social más que en las diferentes áreas de estudio. Y los niños, aún con sus peleas, se ayudan mutuamente. Guiados por el maestro, dejan de lado las enemistades y las burlas, que muchas veces reprimen, para llegar juntos, como un verdadero grupo diversificado, al final del año. La cámara los muestra uno a uno en su proceso de aprendizaje, lento muchas veces, pero enfocado en obtener las herramientas básicas para ese afuera intenso en el que viven.
Y que está presente todo el tiempo. Los rollos, las vacas, los pastizales y la nieve, el barro, las botas y el llano forman parte de la realidad de estos niños y su proceso de aprendizaje está teñido por las condiciones en las que viven, que no son para nada atípicas, pero sí invisibilizadas por la urbanidad. Realizan una visita en grupo al pueblo más cercano y allí se encuentran con la biblioteca y esas otras formas que deben aprehender para su futura educación. El profesor López se jubila en dos años, y algunos niños ya pasan al nivel superior. Es un momento de cambios y de verdaderas tristezas. El miedo a lo que vendrá es mucho más intenso cuando las condiciones materiales y sociales cambian. Y ya no compartirán la sala con los más chicos ni el profesor se sentará a enseñarles a sumar o a preguntarles por la relación con sus padres.
Por su parte, sus familias siguen como pueden el proceso educativo. Y también se sientan con los niños. Es el gesto del documental: sentarse con muchas preguntas para tratar de encontrar juntos la respuesta. Quizás ni han podido bañarse y sacarse así el cansancio de la agotadora jornada, que ya están enfrascados en una multiplicación imposible. Y a la madre se le suma el padre, y después el tío y también los otros hermanitos. Horas antes todos, inclusive los niños, estaban alimentando a las vacas, ordeñando, haciéndolas pastar.
No hay otra forma de contar esta historia más que con un afuera insistente que entra a las salas y se apodera de las horas de los alumnos y del profesor López. Aprenden, discuten las notas y temen juntos a esa otra escuela en la que los términos ya no serán los mismos. Para el final del año lectivo, el maestro (que ha tenido mayor cercanía e incluso predilección con algunos, sobre todo con los más chicos y aquellos que se irán) recibe a las últimas incorporaciones en su vida como educador y ve, finalmente, cómo la sala se vacía y el murmullo constante se acalla. Hay también en él una tristeza por ver que todo lo que ha hecho de su vida también terminará. El campo fue su territorio y es posible que tras el último año de labor, ya no lo sea.
Ser con lo que se tiene, esa es la reflexión, como atrapados por las circunstancias que nos terminan definiendo, mientras seguimos en camino en la lucha de la vida diaria.

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