Louis-C.K.-Louie
Suena a incorrecto todo el rato, y sin embargo Louie tiene la justa en un mundo en el que, por buscar respuestas precisas y las verdades más acabadas, las personas no hacemos más que prejuzgar y descalificar al otro. Y tiene la respuesta tan al alcance de la mano, que de a ratos suena él mismo demasiado correcto, pero al menos tiene la ventaja de saber todo lo anterior y poder jugar con ello.
“Louie” de Louis C.K. pone a un tipo, a un comediante, en parte a él mismo, en Nueva York, recorriendo la ciudad con sus dos hijas, y sufriendo su falta cuando al tiempo compartido lo tiene la madre. Por las noches trabaja en el Comedy Cellar haciendo stand up, apoyando la mano en la pared como para que sus giros conecten en alguna parte y lo dejen más cómodo para soltar todo lo que tiene.
Y tiene mucho, porque utiliza los prejuicios y la discriminación como herramientas para hacerles frente. Sabe que el público ahí presente y en cualquier parte tiene su lado “B” oscuro (cuando no “A”) del que se va a reír incómodo en la sala del Comedy Cellar o de cualquier trabajito que por ahí consiga. Juega con la incomodidad y de vez en cuando, muy de vez en cuando, algún enervado sin sentido del humor lo va a mandar a callarse. Ocurre poco en sus cuatro temporadas, pero cuando ocurre se siente la incomodidad de toda la sala y finalmente Louie sigue tirando chistes, de los más burdos, sólo para no desnudar su truco.
Y Louie sufre. “Louie” no es una serie de stand up; quizás un poco más en las primeras dos temporadas, tal vez algo más. Pero ya en la cuarta el Comedy Cellar casi que sólo aparece en la presentación: lo demás, como si la vida fuera “lo demás”, ocupa la historia de Louie. Un demás que es más bien intenso, y a la vez cotidiano, muy cotidiano: sus dos hijas, la escuela, su ex, el alquiler, el marido de su ex, los viajes en subte, la noche peligrosa en las calles de Nueva York, ¿qué pasó con Obama?, la frustración, la comida, el exceso de kilos, la soledad, sus padres, sus hermanos que no dejan de aparecer aunque en su niñez se lo ve a él solo con su madre, la religión, las drogas, los comediantes, el crecimiento de las nenas, la paranoia, y así sucesivamente. Si quisiera, “Louie” podría durar eternamente, temporada tras temporada, sin agotarse. Es casi cinematográfico el empleo de cámaras, la construcción de la historia, los colores. La puesta es casi cinematográfica, pero no pretende agotar a nadie ni agotarse a sí misma, y sigue contando en capítulos de 20 y 30 minutos una historia que de a ratos es inconexa y que de a ratos se vuelve la vida misma.
Y Louie busca una pareja, se pasa los capítulos encontrando amores con fecha de vencimiento. Sufre y su sensibilidad lleva a la historia al grado límite, al grado en el que -al menos- cada dos episodios al espectador se le escapa una lágrima. Louie es una tragedia con sabor a comedia en la que el “quizás todo termine bien” ni siquiera es una posibilidad porque nada está ni tan bien ni tan mal.
Como los prejuicios no terminan, sino que se siguen renovando, y lo políticamente correcto es una desgracia que hay que seguir enfrentando, “Louie” debería tener cuerda para rato. Por el momento, la quinta temporada está anunciada para el 2015, y todo lo demás pide ser visto.

“Brother Louie”, escrita por Errol Brown y Tony Wilson, y en la versión de Ian Lloyd, acompaña la intro de “Louie”, escrita, dirigida y protagonizada por Louis C.K.

Por Leandro Almeida

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