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Los caprichos de Julie Delpy

Un espacio sin críticos, sólo libros, películas y música conectados así nomás, como toda cosa.

mes

septiembre 2014

Poema de miércoles: “Cerveza” de Charles Bukowski

Hoy, en nuestro poema de miércoles, “Cerveza” de Charles Bukowski. Audio de Fidel Kohn.
Charles Bukowski
No sé cuántas botellas de cerveza
consumí mientras esperaba que las cosas
mejoraran.
No sé cuanto vino, whisky
y cerveza,
principalmente cerveza
consumí después
de haber roto con una mujer
esperando que el teléfono sonara
esperando el sonido de los pasos,
y el teléfono no suena
sino mucho más tarde
y los pasos no llegan
sino mucho más tarde.
Cuando el estómago se me sale
por la boca,
ellas llegan frescas como flores en primavera:

-“¿Qué te hiciste?”.
La hembra dura más
vive siete años y medio más
que el macho, y toma muy poca cerveza
porque sabe que es mala para la
silueta.
Mientras nos volvemos locos
ellas están afuera
bailando y riendo
con tipos divertidos.

Bueno, hay cerveza
bolsas y bolsas de botellas vacías de cerveza
y cuando levantás una
se desfonda
y las botellas caen
rodando
entrechocándose
derramando ceniza gris y húmeda
y cerveza vieja
o las bolsas caen a las 4
de la mañana
produciendo el único sonido en tu vida.

Cerveza
ríos y mares de cerveza
cerveza, cerveza, cerveza.
La radio pasa canciones de amor
mientras el teléfono permanece en silencio
y las paredes se ciernen
y cerveza es todo lo que hay.
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Discos que se convirtieron en películas

Desde las películas que acompañaron a los discos de Elvis Presley, hasta la visión de Alan Parker con su “Pink Floyd – The Wall”, en esta lista recorreremos discos que inspiraron películas, o que anduvieron haciéndose compañía en su comercialización:

  • “Love me tender” de Robert Webb fue el primer film que protagonizó Elvis Presley, y desde entonces se repitió el a hard days nightmismo esquema: compusieron canciones que Elvis grabó para el film, y los EPs se vendieron en paralelo con el estreno del film. Lo mismo sucedió con “King Creole”, “G.I. Blues”, “Girl Happy” y “Frankie and Johnny”, entre otras.
  • Los discos “Yellow Submarine”, “Help!” y “A Hard Day’s Night” de The Beatles fueron llevados al cine, y en las tres se ve a los cuatro de Liverpool en acción, incluso en la animada del “Submarino amarillo”. La banda sonora no está completamente compuesta por las canciones de cada álbum, sino que faltan algunas y se agregan títulos de otros discos. “Magical Mystery Tour”, por su parte, es un film de los Beatles cuya banda sonora se comercializó en un EP con el mismo nombre del film.
  • El álbum doble “Quadrophenia” de The Who fue llevado al cine por Franc Roddam, en un film en donde las canciones se ajustan a la trama. La banda sonora de “Quadrophenia” se compone de canciones de otros intérpretes o de otros discos de The Who. Algo parecido sucedió con “Tommy”, la adaptación del disco Purple rain Princehomónimo del grupo llevado al cine por Ken Russell: la banda sonora no está compuesta por todas las canciones del disco, ni suenan las versiones originales, y es la banda conformada por los actores del film la encargada de interpretar los temas de la película.
  • “Purple rain” de Prince fue llevado al cine un mes después de su edición, por el director Albert Magnoli. Prince protagoniza el film que contiene todas las canciones de su disco. Además, forman parte de la banda sonora canciones de The time y Dez Dickerson.
  • “The Wall” de Pink Floyd es el caso más conocido de esta lista, y el más emblemático. Adaptado por el cineasta Alan Parker en 1982, en “Pink Floyd – The Wall” suenan todas las canciones del álbum de Pink Floyd, y se añaden dos temas: “When the Tigers Broke Free” y “What Shall We Do Now”.

Me verás caer en la ciudad de la jungla |The asphalt jungle|

Mientras la ciudad duerme (The asphalt jungle), John Huston. EE.UU., 1950.
The Asphalt Jungle
Mientras la ciudad no duerme
“Eso suena infernal”, exclama dolida la mujer de uno de los asaltantes. Pero ella no sabe del robo de la joyería. Sólo sabe que su marido está herido, gravemente herido. El sonido de las sirenas en la noche reclama a los culpables. Ella las escucha, acompañada por Gus, el conductor y cómplice de los bandidos. Probablemente todas las personas las escuchan en la noche.
“La ciudad de la jungla”, una traducción algo más literal y aceptable que “Mientras la ciudad duerme”, el título con que conocimos a la película de John Houston (“The Asphalt Jungle”). Y esto porque la ciudad sabe, escucha los gritos de las fieras, no está dormida. Sí, quizá, el sistema de control de la ciudad… pero hasta que se vuelve inaceptable, con el gran robo.
Bestias son -para la policía y los ciudadanos- los malhechores que asedian la ciudad. Bestias, también, porque sus rasgos son duros, tienen la expresión seria, como acechando. “Nací con esta espalda que llevo, no la elegí”, dice Gus, refiriéndose a su joroba. Su cabeza es cuadrada, tiene poco pelo, es cojo. Es también el cómplice número uno de la banda. Sus actitudes son más bien bondadosas, casi como una madre que oculta las travesuras de sus hijos. Y, sin embargo, sus facciones están ahí, delatándolo. Es una de las criaturas de la jungla.
“Tú y Louis tendrán una docena de hijos, fuertes y gordos como lechones…”. Nadie escapa de su destino, ese es el mensaje. Los hijos serán animales salvajes, como sus padres. Y aun cuando vivan en una cerca, no se les podrá ocultar su cola y su olor. Están marcados. “Y los hijos salen iguales a ellos”, se oye decir por ahí, no tan lejos… Es la misma historia, no debería sorprendernos.
Y no nos sorprendemos. Eso es lo más triste.

“El crimen no es sino una forma primitiva de la violencia humana”
El “Doctor”, quien ha ideado el plan que debía de ser maestro, está sentado frente a sus financiadores. Cobby, el contacto para llegar al abogado Emmerich, está parado a la derecha de este último. Emmerich fuma un habano, sentado en su sillón magistral.
Es la fiera que va al león en busca de ayuda, y la hiena que se arrastra cobarde a su lado. El león y la hiena, como los malos de “El rey león” de Disney -hubo más que “Hamlet” inspirando a Walt-… El rey y su bufón también, en la corte. Es una imagen constante… Y, siempre, el del gran sillón es el malo disfrazado de bueno.
Pero Emmerich no es la voz de mando. Es sólo parte de un ensamblaje, un pequeño resorte. “¿Qué te pasa? Nadie me manda a callar”, le responde un detective privado al abogado ante un exabrupto de este; después de todo no es el más poderoso de la jungla. Y el detective, Bob, que cree que nadie lo puede acallar, es el primero en morir de los implicados en el robo. ¿Quién manda?
El teniente encargado del distrito, es en realidad el encargado de que los malhechores circulen sin problemas. La policía, que debería estar al servicio de la civilización, está a merced de la barbarie. ¿Quién es el responsable? Si van cayendo de uno en uno, “los últimos serán los primeros”, como dijo Jesús de Nazaret. Y es que hay una infección originaria, porque “el crimen no es sino una forma primitiva de la violencia humana”. Emmerich pensaba, al decir esto, que caerían los simples operarios; que, como siempre, los guantes blancos no se mancharían… Y, sin embargo…

“¿Qué pasará con mi viaje, tío Lon? ¿Cuento con él?”
Marilyn Monroe es -siempre será- la sirena de todas las películas y los sueños que protagonizó. Pero también la víbora: no por nada ambas tienen el poder de la perfidia, de poseer y morder a las víctimas que caen en su poder.
La estelaridad reside en su nombre más que en el papel que ocupe. Es sólo la amante de Emmerich en la película, pero su presencia merodeará toma tras toma, justo como las víboras con sus presas. Este es un efecto posterior al film, eso está claro: su poder radica en su mítica belleza, que es por la que todos la conocemos.
Pero hay algo innato en ese merodear por el film: ella es la belleza echa mujer; la debilidad de los ladrones, pero también de los policías. Estará en el medio, tratando de salir lo más ligera posible de todas las situaciones, y esperando un poco más: ¿seguirá su viaje a Cuba en pie?, se pregunta… “Y muchos viajes más”, admite el abogado antes de morir. Esa es su revelación: el poder de la belleza es superior al de los hombres. La mujer encarna la belleza (desde la mirada patriarcal de la película, está claro). Y cuando todos los hombres caigan, ella seguirá en pie, en la ciudad de la jungla.

Me verás caer…
Dix es el animal fuerte -cualquiera que fuere-, capaz de hacer los trabajos pesados. Quizás el caballo que añora de su niñez. Es también el que se sabe que va a caer. El más endurecido es -se piensa- el más hosco… pero no lo atrapan.
Cae en las manos de los policías pero, por miedo, los comerciantes que lo sufrieron no lo delatan. Su rostro está marcado, como el del Doctor. De este último vemos los documentos en manos del comisario: estamos preparados para ser los detectives, para atrapar a los delincuentes. Pero quisiéramos que al menos Dix se salve.
Huye de la ciudad junto a su compañera, Doll; probablemente el amor entre ellos sea el más sincero de la película: necesitan cuidarse, morir juntos si es necesario. Porque él se está muriendo: el encuadre de la cámara no muestra todo el ancho del camino por el que circulan: lo corta por la mitad, se ven los árboles y el campo. Dix está perdiendo la consciencia y sólo quiere llegar a su hogar. A la jungla, quizás, con sus añorados caballos.
Doll lo ve caer en el pastizal; finalmente han llegado y él ya no necesita más fuerzas. Muere entre los caballos, que se acercan, como para rendirle tributo, darle el último adiós, mientras Doll llora y los animales sueñan con no tener que pisar nunca la ciudad de la jungla.
No, no es la guerra la única contienda que devuelve a los hijos sin vida…

20 de septiembre de 2014 – Programa 27

Parte 1:
http://www.ivoox.com/programa-27-20-09-2014-pt1_md_3518702_wp_1.mp3″
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Parte 2:
http://www.ivoox.com/programa-27-20-09-2014-pt2_md_3518708_wp_1.mp3″
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Todo sobre mi madre - Magnolias de acero
Parte 1:
Fragmento de “El amante” de Marguerite Duras.

Fabiana Cantilo – Zona de promesas

Película: “Todo sobre mi madre” (Pedro Almodóvar)

Man Ray – Sola en los bares

Fragmento de “Yo, Patty Diphusa” de Pedro Almodóvar.

La Bersuit Vergarabat – Porno Star.

Fragmento de “Carta a mi madre” de Juan Gelman.

The Beatles – Julia
The Smiths – I Know It’s Over
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Biopic: Cecilia Roth.

Fito Páez – Balada de Donna Helena

In a world: Títulos en español que son mejores que los originales

The who – My generation

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Parte 2:
The White Stripes – Jolene [Dolly Parton]

Película: “Magnolias de acero” (Herbert Ross)

Sinead O’connor – Nothing compares 2 U
PJ Harvey – Long Snake Moan

Fragmento de “Cae la noche tropical” de Manuel Puig.

Sumo – Teléfonos / White Trash
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“Tú me quieres blanca” de Alfonsina Storni.

Andrea Álvarez – Quedamos así

Los caprichos de la semana: Agenda cultural.

Celeste Carballo – Es la vida que me alcanza

Fragmento de “Los desconocidos de siempre” de Manuel Puig en “Los ojos de Greta Garbo”.
The Kinks – Celluloid Heroes

*****

Biopic: Cecilia Roth

Cecilia Roth
Cecilia Roth es una actriz argentina de cine, televisión y teatro nacida en Buenos Aires en 1956.
Nacida en una familia de escritores y músicos, comenzó su carrera desde muy pequeña y en 1976, tras el golpe cívico-religioso-militar en Argentina, se exilió en España.
Triunfó tanto en el cine español como en el argentino. Recibió dos premios Goya a mejor actriz por sus papeles en “Martín H” y “Todo sobre mi madre” de Pedro Almodóvar, con quien trabajó recurrentemente. También fue distinguida en 2001 con el Premio Konex de Platino a la mejor actriz de cine de la década. Trabajó en “Las verdes praderas”, “Arrebato”, “Laberinto de pasiones”, “Un lugar en el mundo”, “Los amantes pasajeros”, “El nido vacío”, “Kamchatka”, “Una noche con Sabrina Love” y “¿Qué he hecho yo para merecer esto?”. En televisión participó en “Epitafios”, “En terapia”, “Amas de casa desesperadas”, “El pacto”, “El elegido”, “Por amor”, “Trátame bien” y “Mujeres asesinas”.
El director español Pedro Almodóvar escribió sobre su trabajo con Cecilia Roth en “Hable con ella”: “La palabra madurez no tiene buena reputación, pero creo que así se llama al proceso vivido por Cecilia Roth en los trece años que no trabajábamos juntos. (“Qué he hecho yo para merecer esto” fue nuestra última colaboración). Cecilia Roth ha madurado, se ha agigantado. Su técnica se ha destilado sin que se note. Es lo que ocurre con la perfección, que no se nota. Desaparecen las aristas, todo fluye. Y uno lo encuentra natural aunque sepa que es un milagro”*.

* “Es un film sobre el dolor” de Luciano Monteagudo para Página 12. http://www.pagina12.com.ar/1999/99-08/99-08-15/pag31.htm

http://www.ivoox.com/biopic-cecilia-roth_md_3514823_wp_1.mp3″ Ir a descargar

Todo sobre mi madre – Magnolias de acero

Todo sobre mi madre, Pedro Almodóvar. España, 1999.

El cine de Pedro Almodóvar es un cine que nos hace bien porque nos ayuda a ser menos prejuiciosxs, es decir, nos ayuda a ser mejores personas. En una misma película, Almodóvar toca, entre otros, el tema de la donación y el trasplante de órganos, el sida, el travestismo y todos están atravesados por un hilo conductor: el amor. No resultan en ningún momento imposturas o excusas para mostrar un cine progresista, sino que estos temas parecieran haberse impuesto como capas en la historia que decidió contar el director, la de una madre y un hijo que muere, un hijo arrebatado por el destino, arrebatamiento que impone una soledad, un vacío que debe ser atravesado. Para esto, la protagonista decide viajar.
Todo sobre mi madre finaliza con la siguiente dedicatoria que sin embargo bien puede saborearse desde el principio: “A Bette Davis, Gena Rowlands, Romi Schneider… A todas las actrices que han hecho de actrices, a todas las mujeres que actúan, a los hombres que actúan y se convierten en mujeres, a todas las personas que quieren ser madres. A mi madre.” Ya vimos cuando leemos estas palabras que la película, como la vida, está compuesta de planos, capas, raíces, hilos que se escapan hacia diversas e impredecibles direcciones. Vimos que en la película las actrices hacen de actrices y los hombres que nacieron hombres –desde la biología- son finalmente lo que deseaban ser: mujeres. Vimos que una película puede ser profunda y dar cuenta de cierto dinamismo que tiene la vida obligatoriamente; lo que no se mueve, está muerto. Y vimos, sobre todo, color y texturas, belleza en la imagen y en las palabras y en la historia. Vimos que se puede hacer belleza desde todos los ángulos… ¡Todo sobre mi madre salpica eso: belleza y conmueve tanto!

Un tranvía llamado deseo es la obra teatral que marcó la vida de Manuela: en su juventud la representó y en esa actuación se enamoró de Esteban quien se convertiría en el padre de su único hijo que llevará su nombre. Sin embargo, Esteban padre no sabrá de la existencia del otro sino dieciocho años después y porque Manuela decide buscarlo para contarle la trágica noticia de la muerte de este hijo de ambxs. Quiere devolverle, aunque tarde, una verdad, que se llevó al huir de Barcelona.
Falta un gran acontecimiento: Esteban es Lola. Al poco tiempo de casadxs, él la había dejado en España para viajar a París y asentarse, pero dos años –aunque no sean tanto tiempo- cambiaron radicalmente a Esteban. No es que dejó de quererla, sino que el cambio fue más bien físico: se ha puesto unas tetas más grandes que las de ella. Pero Manuela siente que Esteban no ha cambiado tanto y siguen juntxs, un tiempo hasta que ella no soporta más el insólito machismo de él –¿Cómo se puede ser machista con semejante par de tetas?-, y se va a Madrid, con su hijo adentro.
Un tranvía llamado deseo es también la obra que Manuela va a ver con Esteban, su hijo, el día de su cumpleaños. Luego de la función, el joven le pide que esperen a que salgan los actores y las actrices porque quiere un autógrafo de la protagonista. Llueve y están debajo de un paraguas multicolor. Sale Huma Rojo y Esteban corre tras su taxi para que le firme su libretita. Un auto que venía por el canal no lo vio, lo atropelló y lo mató. Con su tapado rojo intenso, Manuela sólo puede gritar ¡Mi hijo! y llorar como una loca. Es enfermera y, fiel a sus principios, dona los órganos del hijo arrebatado y toma el tranvía nuevamente, pero en sentido contrario: Madrid – Barcelona. No lo sabemos, pero busca al padre para contarle el dolor y la verdad.

En Barcelona es donde la estructura de la trama se abre y aparecen tres mujeres más – y al final, cuatro, porque conoceremos a Lola también, aunque en circunstancias tristísimas-. Manuela se encuentra con una vieja amiga, Agrado, una mujer maravillosa llena de siliconas y retoques que la ayudaron a ser tan auténtica como ella deseó. Agrado le presenta a Rosa, una joven asistente social cuyo trabajo es ayudar a los demás. Como Agrado, que lleva ese nombre porque siempre quiso hacer de la vida de los demás una vida más agradable. Por último, como necesita trabajo y no sólo por eso –ya intuirán- termina siendo la asistente personal de Huma Rojo, aquella actriz que esperó Manuela junto con Esteban, en esa espera que se transformó en la última actividad que compartió con él.
Agrado representa de alguna manera la difícil vida que lleva una travesti en un mundo que no las comprende y que las liga a la prostitución y a la satisfacción de deseos sexuales. El mundo las ha cosificado y transformado en artefactos que calman los nervios, por ejemplo, lamiendo pollas. En realidad, quitando el eufemismo, no es el mundo el que las ha llevado a ese lugar sino cada unx de nosotrxs cuando no las pensamos como personas, sino que, regidxs por la heteronorma y los prejuicios más añejos, nos creemos mejores o norma/normales por ser como somos y no aceptando aquella autenticidad ajena, labrada con años y con dolores como toda personalidad. Amamos a Agrado y sí, ha logrado hacer de nuestra vida una vida mucho más agradable, sobre todo después del monólogo que improvisa ante la ausencia de las actrices principales para la función de cierta noche en la que nos reímos mucho CON ella y su autobiografía basada en números: cuánto se agregó aquí y allá y cuánto dinero le ha costado. Amamos a Agrado en su sinceridad brutal, no exenta de cierto desparpajo que es su charme.
Rosa se ha acostado con Lola – ¡Lola, Lola, hija de una gran puta, Lola!, grita Manuela al enterarse, y con razón- y está embaraza, así que le pide asilo a Manuela en su casa alquilada recientemente allí, en Barcelona. Ella al principio se resiste, pero falta algo: Rosa tiene sida. Entonces ante tremendo movimiento de las vidas, Manuela acepta. El niño nace y Rosa muere. En su entierro es donde conocemos a Lola -tristísimo momento húmedo de lágrimas- quien recibe noticias como cachetadas que tiene Manuela para ella.
El tercer Esteban de la historia ha nacido con el estigma de la enfermedad de su madre. La abuela –la biológica madre de Rosa- no quiere ni tocarlo y así Manuela vuelve a tomar el tranvía llamado deseo y se lleva al niño con ella. Huye una vez más de Barcelona, sin despedirse de Agrado que queda como asistente de Huma Rojo en lugar de la protagonista. Dos años después, sin embargo, el mismo tranvía la lleva nuevamente a Barcelona a un congreso sobre el sida porque Esteban ha negativizado el virus en un tiempo récord.
La otra hermosa capa de la película –la tercera- es Huma Rojo, la actriz principal de la obra teatral que marcó a Manuela. Es una mujer que vive padeciendo la adicción de Nina, su pareja y coprotagonista de la obra. Intenta ayudarla sin darse cuenta de que las drogas la tienen presa y que entonces Nina necesita una solución más drástica, la internación, como le sugiere Manuela. La sensibilidad de Huma es casi contradictoria con lo que su vida según ella ha tenido: sólo humo, por eso su nombre artístico. Su sensibilidad es enorme, tanto así que tras enterarse la triste historia de Manuela y la muerte de su hijo, le regala a la madre huérfana un autógrafo… aquel que le quedó debiendo a Esteban.

Así las historias de cada una. Así la vida y sus encuentros. Así la vida, sus movimientos y sus capas como telas que caen a veces y dejan al descubierto cierto núcleo. Ese núcleo es tan rojo como los saquitos, los cabellos y otros detalles de esta película increíble: ese núcleo es el amor, en definitiva, el motor que permite a estas mujeres seguir marchando a bordo de ese tranvía llamado deseo.

Magnolias de acero (Steel magnolias), Herbert Ross. EE.UU., 1989.
Preparados para una película rosa, porque esta es de las más características, y quizás una de las que más poder tiene sobre el final, que no es decir mucho, pero sí lo suficiente como para no descartarla sólo con escuchar su nombre.
Las mujeres de “Magnolias de acero” son las protagonistas de esta historia, en la que los hombres están ausentes y las han dejado olvidadas en sus ocupaciones hogareñas o sus trabajos. Se apoyan mutuamente, y se dicen todo lo que tienen para decir, porque en sus casas no hay mucha posibilidad: o sus maridos se han muerto ya, dejando buenos o muy malos recuerdos, o están ahí, queriendo pasar desapercibidos, como ausentes. Y cuando el personaje de Julia Roberts está por casarse, todas se juntan en la peluquería de Dolly Parton y se confiesan los secretos propios y ajenos.
Siempre hay una historia por develar, cuando queda ya poco misterio en las propias. Al salón de Truvy llega una joven que no sabe si está casada o no, que sufre una pareja perseguida por los policías y a la que ya no ve. Está sola, sin dinero, ni ropa, y consigue ese trabajo para el cual se estuvo preparando. Es nerviosa, tendrá colapsos emocionales y se volverá hiper-religiosa, rayando el fanatismo y comentando cuando hay que llamarse a silencio, por obra y gracia de la verdad revelada en la que cree.
Y la mamá de Julia Roberts, Sally Field, ve cómo su hija con diabetes se casa con ese hombre del que también desconfía; ve cómo se van y cómo van a descuidar la salud de Shelby, desatendiendo los consejos del doctor: un embarazo puede ser fatal para ella, y como madre no puede pensar en perderla. Pero finalmente, Shelby tiene a su hijo, y la felicidad de la progenie se expande, por un tiempo. Tras el embarazo y los comienzos de la crianza del bebé, Shelby se debilita, necesita diálisis, y luego un riñón. Es su madre quien se lo dona, y ambas salen bien de la operación, pero luego Shelby está sola en su casa con su niño y no alcanza a avisarle a nadie su malestar, y su marido la encuentra al rato (quizás y probablemente muchas horas después), inconsciente.
Shelby ya no sale del coma, y M’Lynn, su madre, se quedará a su lado todo el tiempo, por si se despierta por dos minutos y ella se lo pierde. Pero no despierta, y el yerno de la familia firma la autorización para desconectar los equipos. Hay un silencio muy grande en la sala, apenas si los hermanos, el padre y el marido pueden contener las lágrimas. Y la madre está finalmente partida. Ha pasado todas sus horas haciendo lo que a las mujeres de Luisiana les han mandado hacer: casarse, criar y cuidar a sus hijos, trabajar (con suerte, y como estilista), y acompañarse. A esto último nadie se los pidió, pero es lo que las ha salvado. Se mantienen firmes, chismoseando y abrazándose por igual, dejando que las horas pasen para armar el casamiento, criar a los hijos, mantener la sonrisa incluso cuando mueren los suyos.
“Estoy bien”, repite una y otra vez la madre destruida por la muerte de su hija a la que cuidó y previno de todos los males durante tantos años. “¡Estoy bien!” les grita a sus amigas cuando se acercan para no dejarla caer. Debe mantenerse en ese estado de circunstancia ahora que su hija ha muerto, e incluso después, cuando vea a su nieto crecer sin su madre, y a ella misma, vivir sus últimos años sin su hija. Y hasta se considera “egoísta” pensando en eso, porque a las mujeres tampoco se les permite pedir mucho, ni siquiera llorar.
“Magnolias de acero” no problematiza demasiado, y ni siquiera plantea otras posibilidades, porque la recién llegada estilista también corre por su embarazo, y esa y no otra es la esperanza de ese pequeño pueblo del sur de Estados Unidos. Y, aunque a las mujeres sólo se les dé la oportunidad del decir (cuando, por lo general, se escucha siempre lo que los hombres tienen para decir), o de poder dirigir su propia radio, lo que queda dando vueltas es la fortaleza que se les pide, reclama y que en realidad tienen estas y todas las mujeres subyugadas por las diferentes formas de poder y de relacionarse. Se les pide entereza, y responden con firmeza, unidas, convencidas y riendo. Quizás no reclamen por su posición, y en sus conversaciones se nota bien el discurso conservador que por un lado o por otro terminan reafirmando los valores preestablecidos, pero definitivamente han aprendido a sobrevivir en un mundo que las quiere flores, bellas flores que sirven para acompañar y resaltar fiestas y velorios. Compañía, en fin.
Nada de esto se dice, pero está ahí latiendo, y esa sospecha que genera la vuelve diferente de todas las demás. Lo que sí se dice es que no pueden permitirse una vida tan seria, que los momentos fríos, duros, tristes deben enfrentarse con un poco de humor. Shirley MacLaine se roba ese y todos los momentos con su papel de la vieja loca “Ouiser”, la mal llevada y sarcástica del grupo, pero también la que comprende antes que todas. Ahí, cuando todo se vuelve ya difícil y está a punto de explotar, la bruja “Ouiser” les saca una sonrisa.
“Magnolias de acero” depende completamente de su título. En definitiva, no se puede conseguir lo que se espera de una flor si cambia completamente su naturaleza. Una flor que ya no es dócil, no engalana nada.

Recomendado: Siete de oro [LIBRO]

“Siete de oro” de Antonio Dal Masetto (1963)

 
Siete de oro Antonio Dal Masetto
Hay un agobio muy pesado en el personaje de “Siete de oro”, que ha perdido el nombre a fuerza del “vos” y de algún circunstancial “usted”. Deambula encontrándose pero alejándose, y comienza su viaje negando a Bruna.
Llega al sur y se encuentra con otras personas, otras más entre todos los nombres con los que se ha cruzado y compartido momentos, pero la recuerda: en una frase sin importancia, al calor del exceso de alcohol, en las otras mujeres que no pudieron apagar ese fuego. Dirá por ahí que todas las mujeres son una en el amor, y es porque en su cabeza es Bruna la que siempre vuelve. Huraño, de pocas palabras y con muchas historias encontradas, será testigo de grandes oscuridades y en el calor de un fogón ajeno se creerá pleno.
Dirá también que no cree en los lugares, que no se escapa de nada, que asentarse en un lugar no tiene ninguna importancia. Pero, su residencia es el recuerdo, que es tiempo, y ese recuerdo es con Bruna.
“Siete de oro” es la épica en primera persona de un hombre cansado que espera, incluso viajando; y las palabras que fluyen sin cansancio invitan a ese viaje por el frío, el vino y otras tristezas.

Cuando subimos Bruna mira alrededor, estudia, comprueba. Me gustaría tener la pieza un poco más presentable, la cama hecha, las sábanas limpias, el piso barrido. Me gustaría haber tenido tiempo y ganas de pintar las paredes, de fabricar un par de estantes. Me gustaría haber pagado el alquiler, además de las otras deudas. Me gustaría tener algunos pesos en el bolsillo. Siempre me dejo tomar por sorpresa. Es en momentos así cuando pienso que también he arrojado a la espuma cuanto me quedaba de orgullo e intimidad, que soy terreno abierto, que cualquiera puede caminar por él, trazar sus propias marcas, tachar lo que no le guste, aprobar e insultar. Me parece advertir que mi fuerza, que estaba en el silencio, ha pasado de moda, ya no convence a nadie. Ahora se me exige que hable, que diga lo mío con la fuerza y la convicción que debería haber aprendido.

Fragmento del anteúltimo capítulo de “Siete de oro”.

Leímos el capítulo 2 del libro en el “Programa 26” de “Los caprichos de Julie Delpy”.

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Poema de miércoles: “Encargo” de Julio Cortázar

En el poema de miércoles de hoy, “Encargo” de Julio Cortázar. Audio de Fidel Kohn.
Julio Cortázar
No me des tregua, no me perdones nunca.
Hostígame en la sangre, que cada cosa cruel sea tú que
vuelves.
¡No me dejes dormir, no me des paz!
Entonces ganaré mi reino, naceré lentamente.
No me pierdas como una música fácil, no seas caricia ni
guante;
tállame como un sílex, desespérame.
Guarda tu amor humano, tu sonrisa, tu pelo. Dálos.
Ven a mí con tu cólera seca de fósforos y escamas.
Grita. Vomítame arena en la boca, rómpeme las fauces.
No me importa ignorarte en pleno día,
saber que juegas cara al sol y al hombre.
Compártelo.
Yo te pido la cruel ceremonia del tajo,
lo que nadie te pide: las espinas
hasta el hueso. Arráncame esta cara infame,
oblígame a gritar al fin mi verdadero nombre.
http://www.ivoox.com/encargo-julio-cortazar_md_3503143_wp_1.mp3″ Ir a descargar

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