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Los caprichos de Julie Delpy

Un espacio sin críticos, sólo libros, películas y música conectados así nomás, como toda cosa.

mes

febrero 2015

26 de febrero de 2015 – II Programa 43

PATETISMO E INCOMODIDAD, CON ANTHONY PERKINS

Parte 1:
http://www.ivoox.com/programa-43-ii-26-02-15-pt1_md_4142366_wp_1.mp3″ Ir a descargar
Parte 2:
http://www.ivoox.com/programa-43-ii-26-02-15-pt2_md_4142618_wp_1.mp3″ Ir a descargar
150226
Parte 1:
Fragmento de “Canción en sangre” de Jacques Prévert.

The sonics – Psycho


Película: “Psycho” (Alfred Hitchcock)

Talking Heads – Psycho Killer

“El tajo” de Juan Gelman.

David Bowie – New Killer Star


Fragmento de “La pesquisa” de Juan José Saer.

Illya Kuryaki and the Valderramas – Algo huele mal
The Misfits – Dig Up Her Bones
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Biopic: Anthony Perkins.

Utopians – Norman Bates

In a world: “La guerra de los mundos” radioteatro

Divididos – Salir a asustar
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Parte 2:
Pink Floyd – The trial

Película: “The trial” (Orson Welles)

Skay Beilinson – La ley del embudo
Catupecu Machu – Alter ego… Grito alud

Fragmento del capítulo 10 de “El proceso” de Franz Kafka.
Pez – Retornan los restos

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Fragmento de “1984” de George Orwell.

Radiohead – 2+2=5


Los caprichos de la semana: Agenda cultural.

Nota al pie en “Correspondencia 1930-1940” entre Gretel Adorno y Walter Benjamin.

La portuaria y David Byrne – Hoy no le tengo miedo a la muerte
*****

Psicosis – El proceso

Psicosis (Psycho), Alfred Hitchcock. EE.UU., 1960.

El amor

Es posible que a veces –o casi siempre- cuando recordamos Psycho olvidemos – ¡qué contradicción!- el hecho de que la película empieza colocándonos como voyeurs de una historia de amor sin matrimonio. Pero es así, en Hitchcock también está el amor como motor. Cito a José Pablo Feinmann porque se vio todas las de Hitch: “Los films de Hitch son formidables historias de amor. Supongo que esto sorprenderá a quienes sólo lo conocen como ‘el maestro del suspenso’…”*
Esa primera escena representa un escándalo, una cosa prohibida, un amor obsesivo y enfermizo que llevará a la protagonista a cometer el robo y la fuga que desencadenará en tragedia. Todas estas calificaciones son irónicas, espero que se entiendan, aunque en 1960 realmente la escena causó revuelo. ¡Y ella está siempre en corpiño!
Y como si esto fuera poco, nuestro lugar como espectadores/as es también un escándalo: entramos a la habitación de hotel que comparte una pareja y nos ponemos a observar una escena privada, erótica y casi de despedida, pero no. Y es el maestro Hitchcock quien nos otorga ese palco en su película… y esto recién empieza.
Esa mujer que ama fervientemente a un hombre se llama Marion Crane. Él es Sam y se reprocha a sí mismo en voz alta y sin camisa, frente a ella no poder darle la vida que merece debido a sus deudas y su divorcio que le exige una pensión mensual para su ex. Ella es la protagonista y por primera vez en la historia del cine morirá a la media hora, asesinada, brutalmente en un motel de ruta del cual ya hablaremos largo y tendido.
De esta forma, con la muerte inesperada y abrupta de la protagonista se nos abre la posibilidad de pensar a partir de Psycho la tensión ausencia/presencia en una narración: ella está muerta –por si nos quedó alguna duda, yace hundida en el pantano trasero junto con los 40 mil dólares que se fueron envueltos en el diario-, pero es el personaje más nombrado, es alrededor de quien girará la historia en todo momento, mejor dicho la investigación de su desaparición que traerá revelaciones.
Su hermana está muy preocupada y con la ayuda de Sam descubrirá la verdad: los héroes. El jefe de Marion, a quien ella le robó los 40 mil para ser feliz, no quiere denunciarla y contrata entonces a Arbogast, un detective privado: otro héroe, pero que no llega a conocer la gloria del caso resuelto.

Un motel llamado Bates

Marion huye de Phoenix porque le robó a su jefe 40 mil dólares, aunque me regocija un poco más –sin caer en la apología- saber que el dinero que se lleva es de Cassidy, un cliente desagradable que paga en efectivo jactándose y con la baba chorreando mientras piensa en la piel y el sabor de la piel de esta rubia.
Sale entonces de la ciudad, abandona a su entorno en busca de algo más verdadero. Duerme a la vera de la ruta lo cual le ocasiona un encuentro con la policía. Aquí empieza si se quiere la creación de la atmósfera de persecución que no durará mucho porque ella morirá, pero que instala en el/la espectador/a un miedo, o cierta empatía con la protagonista: deseamos que logre sortear la ley. Claro, todavía no imaginamos lo que viene.
Lo que viene es su llegada, por pura casualidad al Motel Bates, administrado por Norman Bates, un joven simpático que hasta le ofrecerá la cena, pero que esconde un secreto.
La pobre y desamparada Marion oye desde su habitación la discusión que mantiene el cordial anfitrión con su madre que interpreta esta “cena” como un galanteo y siente repugnancia y se lo dice de manera desaforada. Pero él llega igual con los emparedados y la leche y conversan en una salita de atrás de la oficina de administración, la cual está plagada de pájaros embalsamados. No es particularmente las aves lo que le interesa a Norman, sino la taxidermia en sí, según le confiesa a la rubia fugitiva. Mmmm, aún ni se nos ocurre pensar a qué llegará con este conocimiento.
Marion agradece la cena y vuelve a su habitación. Esconde el dinero robado en el diario, por las dudas. ¡Con lo poco que importa el dinero esta noche, querida! Entra a ducharse y ahí sí definitivamente sospechamos que algo anda mal –muy mal- con Norman: la espía desde la salita descrita anteriormente por un orificio escondido detrás de un cuadro. Ay, era este personaje entonces el responsable de que en nuestro inconsciente repose cierta incomodidad al ir a baños ajenos o, peor, públicos. Siempre sentimos el acecho de una mirada invisible.
No hace falta repetir que Marion está dándose una ducha para que se nos venga a la mente la gran imagen y la musiquita correspondiente, uno de los íconos del cine: el asesinato de nuestra protagonista supuestamente por la madre de Norman, aunque ya todxs conocemos cómo es en realidad. La enfermedad mental del joven lo lleva a mantener una lucha interna en su mente entre dos personalidades: la propia y la de su madre a quien asesinó diez años atrás.

Esto último es Psycho, sobre todo. Pero no olvidemos el amor y la pasión de una mujer por un hombre… pasión tal que la enfrenta con los peligros terribles y el desenlace peor: la muerte. No se trata, se entiende, de culpar al amor… sino al destino del cual sí, como ya nos susurraba Edipo, no podremos escapar. Está trazado y allá vamos.

*Para leer la nota completa, recomendadísima: http://www.pagina12.com.ar/1999/suple/radar/99-08/99-08-08/nota1.htm

El proceso (The trial), Orson Welles. Francia, Alemania Occidental, Italia, 1962.

Ante la ley hay un guardián que protege la puerta de entrada. Un hombre procedente del campo se acerca a él y le pide permiso para acceder a la Ley. Pero el guardián dice que en ese momento no le puede permitir la entrada. El hombre reflexiona y pregunta si podría entrar más tarde.
– Es posible –responde el guardián-, pero no ahora.

“Ante la ley”, Franz Kafka. En “El proceso”.

Los edificios son altísimos, enormes. Las calles por las que deambula errático K. están solas, desoladas, pero bañadas de edificios sin fin y escaleras. Escaleras por todos lados. Muy pocas para bajar, y se baja sólo para acceder a una más larga hacia arriba. ¿Qué hay arriba? No lo sabemos. Casi no hay cielo. Los espacios son cerrados, incluso a plena luz del día. Si hay cielo, hay entonces nubes. Ain con sol todo está gris. Gris y atiborrado de elementos: paredes sucias, pilas de documentos, libros, ¿expedientes?; paredes sucias, para nada lisas; y gente, mucha gente en espacios que se vuelven diminutos, opresivos, insoportables.
“El proceso” de Orson Welles es una parodia teñida de patetismo e incomodidad en blanco y negro. Parodia, comedia, patetismo, todas en la cara y en el cuerpo, y en los diálogos que rodean a K. Definitivamente la única forma de trasladar al audiovisual el enfermizo mundo de Kafka (en “El proceso”, pero también en cualquiera de sus escritos) es volviendo a las atmósferas oprimidas (más que opresivas, porque no se tienen una noción muy clara de quién es el que oprime -¿todos? ¿un anónimo manejado por un autónomo?-, aunque se sospecha), llenas de sospecha, de incomodidad, de cierto patetismo que genera esa incomodidad -porque personas tan altas e ilustradas no pueden ni reaccionar ante el agente externo que lo detiene-, y sueño, pesadilla. Mundo onírico y de sospecha, en una historia en la que todos son sospechosos si dejan un mínimo resquicio a la posibilidad.
Anthony Perkins, como Joseph K., abre las puertas a la incomodidad: salta, comenta, trata de entender, se ríe, besa a las novias de otros, corre con su cuerpo largo y esbelto vestido en múltiples capas; se sorprende, no reacciona, deja hacer a sus asesinos, grita ante una multitud pero después se baja del estrado ante una inexplicable situación amorosa ante las puertas de la ley. Las puertas de la ley son una inmensidad a la que no llega ni a la mitad, y eso que es de los más altos del elenco. Todo le queda enorme, incluso el saco de su abogado, un vivo gordo y de pelos finitos que se la pasa acostado porque ha caído en la enfermedad. En ninguna, en verdad. No necesita levantarse: buitres y culebras se encargan de acecharlo: jueces y clientes. Los acumula en su enorme casa, de habitaciones altísimas, llenas de objetos y aun así imposibles de medir. Deja dormir a uno de sus clientes en la habitación de la servidumbre. Lo encierra, y cuando se cansa de la situación, lo manda a llamar para humillarlo. Eso es lo que hace por su cliente. Y es también lo que pretende hacer por K. Como le dirá un pintor, que es el que maneja la posta en ese enorme aparato que es la Ley (ni siquiera la justicia, sino la Ley), nadie llega a la absolución definitiva. Lo mejor que se puede conseguir es un aplazamiento.
Como el viejo de “Ante la ley”, los arrestados esperan ante las puertas de la Ley para poder acceder a ella: para saber cómo siguen sus causa, cuándo pueden presentar cierto alegato innecesario, en un juicio que no tiene delito como sustento, en una acusación inexplicable. Otra vez: inexplicable y onírico, porque esta historia sólo puede explicarse con los parámetros del sueño. Pero lo cierto es que no resiste ni necesita explicación alguna. Nada en Kafka se dirige hacia la explicación, hacia el mundo inteligible, y es desde ese lugar, desde el patetismo en el que se ven envueltos sus personajes, que se produce el quiebre con las reglas establecidas, se escapa de las leyes, las mismas leyes que lo mantienen subyugado. Como Gregorio Samsa, Joseph K. se despierta una mañana, después de una larga jornada laboral, y descubre un cambio en su ser: se encuentra arrestado. Las marionetas de la Ley lo anotician en su propia habitación, mientras se cambia y reclama su baño cotidiano. En la habitación contigua, la de una mujer que, como todas en Kafka, sólo están ahí para los besos, y tal vez para ayudar un poco, hay tres compañeros de trabajo de K.: Otras tres marionetas que no hacen más que mirarlo, asentir y tocar fotos ajenas. ¿Qué sentido tiene? Ninguno. Y por eso “El proceso”, si se necesita tanto una solución, es un gran sueño, y el soñador no se despierta hasta el asesinato de K., y quizás para entonces el soñador ya dejó de existir. O ya cesó de existir. O, probablemente, se cae finalmente en la cuenta de que nunca hubo nadie soñando.
Probablemente la adaptación de Welles, en la que él mismo actúa –como el abogado, claro-, es la mejor adaptación literaria del cine. Y encima de semejante obra, tan enigmática, encriptada, difusa, onírica (una vez más). Y Welles recupera el sueño, la pesadilla que ronda a Joseph K.: los edificios inmensos, interminables, las escaleras, los niños como demonios, persiguiendo; la acumulación de elementos, de papeles, de injustificaciones, viejos casi desnudos, desnutridos, esperando; todos por su caso. Habitaciones atiborradas de gente o espacios vacíos, edificios, paredes, muebles, alumbrado público, todos en perspectiva, filmados en gran angular para ensanchar la visión, volverla irreal, imposible. Y la ley por encima de todo: los edificios inmensos, con bases en piedra espesa y maciza; columnas opulentas ante los hombres famélicos (las mujeres no esperan por ningún juicio, sólo son las mujeres de alguien o solteras, y en ambos casos, grotescas y al servicio sexual del hombre; o, si están por encima de alguien, apenas si delatoras) que alguna vez corrieron despavoridos y casi saltando como Perkins, pero que luego sólo se quedaron parados y con la mirada quieta, la cabeza gacha, los hombros encogidos, esperando.
Imposibilidad, patetismo, incomodidad, sueño y pesadilla. Y la espera. En tono de tragicomedia, la novela de Kafka ya vislumbraba unos arrestos inexplicables, los cuerpos famélicos y expectantes, y la muerte en un lugar alejado al que nadie quiere ver. Sólo que, por supuesto, era imposible imaginar el tamaño de la bestia. Una bestia con la que, llamativamente, se cruzó en un bar, cuando tan sólo era un huevo pero ya tenía lengua y colmillos.
Y la tragicomedia, envuelta en patetismo, de la mano de Welles, vuelve a revitalizar fantasmas: a K. no sabe de qué se lo acusa, pero su cuerpo carga con la sospecha. La Ley nos vuelve sospechosos y, a la vez, no es posible acceder a ella. Ese texto, “Ante la ley”, es el pilar del relato de Welles. Los viejos barbudos esperando no hacen más que reafirmarlo. Y “Ante la ley” es apenas un relato enmarcado en la novela. Una explicación insulsa en medio de tanta incertidumbre. Es casi un sueño dentro de un sueño. Y el cine es también otro sueño. ¿Entonces quién está soñando? Lo curioso es que ese que sueña nunca existió.

– Todos aspiran a la ley –dice el hombre-, ¿Cómo es posible que durante tantos años sólo yo haya solicitado la entrada?
El guardián comprueba que el hombre ha llegado a su fin y, para que su débil oído pueda percibirlo, le grita:
– Ningún otro podría haber recibido permiso para entrar por esta puerta, pues esta entrada estaba reservada sólo para ti. Yo me voy ahora y cierro la puerta.

“Ante la ley”, Franz Kafka. En “El proceso”.

Estrenos de la semana 26/02 Argentina

MEGAESTRENO:
“Alma salvaje” (Wild) de Jean-Marc Vallée y protagonizada por Reese Witherspoon. Reese estuvo nominada a mejor actriz por este papel, basado en una historia real, de una mujer que decide hacer sola el Sendero de las Cimas del Pacífico. Perseguida por una ruptura amorosa, y en un viaje de búsqueda interior, transita kilómetros y kilómetros en un viaje cuyas exigencias y peligros no son enfrentados por muchas chicas, ni por caminantes solitarios. Claro que con el título “Wild” uno no puede dejar de pensar en “Into the wild” de Sean Penn, también basada en una historia real, pero en la historia de un joven que abandona todo para enfrentar el camino, con Jack London como autor de cabecera.

UNA ARGENTINA:
Se estrena “El patrón, radiografía de un crimen” de Sebastián Schindel. con un gran elenco, que incluye a Joaquin Furriel, Luis Ziembrowski. Mónica Lairana, Germán de Silva y Guillermo Pfening. El film de suspenso narra la historia de un hombre enjuiciado por un homicidio que tiene mucho más que una muerte por develar: el asesino tenía un trabajo esclavo, y junto a un abogado que de a poco comienza a interesarse por él, se lleva adelante la investigación que busca ser humana en un universo tan burocrático. La película está basada en una historia real.

ROMÁNTICA:
“La mirada del amor” (The face of love) de Arie Posin, con Robin Williams, Annette Bening y Ed Harris. Una mujer encuentra un parecido físico con su difunto esposo en un hombre que acaba de conocer, y terminará enamorándose. “La mirada del amor” se estrenó en septiembre de 2013 y recién ahora llega a los cines nacionales.

DOCUMENTAL:
“Al cine con amor” (Life it self) de Steve James es un documental estadounidense sobre la vida del crítico cinematográfico Robert Ebert. Participan del film su director así como Martin Scorsese, Steven Zaillian y Werner Herzog. “Al cine con amor” está basada en la autobiografía de Ebert, “La vida a través del cine”.

Y después de los Oscar…
“Birdman” de Iñárritu, la gran ganadora de los premios, retorna a más de 100 salas en todo el país, a dos semanas de su estreno en Argentina. Por su parte, tanto “Ida”, la ganadora a Mejor película extranjera, así como “Whiplash: Música y obsesión”, que obtuvo tres premios Oscar, continúan estrenándose en algunas salas del país.
Birdman

Biopic: Anthony Perkins

Anthony Perkins
Anthony Perkins fue un actor, guionista y director de cine, teatro y televisión estadounidense. Nació en Nueva York en 1932 y murió en Hollywood en 1992.
Hijo de actores, comenzó su carrera en la adolescencia, en Broadway y en el cine. Su primer rol en el cine fue en la película “La actriz” de George Cukor, con Spencer Tracy y Jean Simmons. Trabajó con grandes nombres de la historia del cine, como Gary Cooper, Sophia Loren, Silvana Mangana, Jane Fonda, y los paradigmáticos directores Orson Welles y Alfred Hitchcock. Es el protagonista de “Psicosis”, y el papel de Norman Bates lo persiguió desde entonces, realizando tres precuelas, una de las cuales él mismo dirigió.
También participó en “La gran prueba”, “La gran tentación”, “Un  hombre solitario”, “La casamentera”, “No me digas adiós”, “Un abismo entre los dos”, “¿Arde París?”, “El abismo negro”, “Los gusanos no llevan bufanda”, “El proceso” de Welles y en varias series y películas para la televisión.
Anthony Perkins se refirió a su trabajo en “Psicosis” y en una entrevista indicó que en la proyección inicial de “Psicosis” la audiencia “se reía tan fuerte que Hitchcock se alarmó tanto que quiso volver a trabajar en el film y mezclar algunos de los diálogos para que pudieran ser oídos. (…) Hitchcock aseguraba que era la primera vez que la audiencia lo desconcertaba de esa manera, tanto que no podía interpretarla. Finalmente, se dio por vencido y solía decir que “Psicosis” era una comedia”*.

* “Interview: Psycho Star Anthony Perkins” de Steve Biodrowski en “Cinefantastique”. http://cinefantastiqueonline.com/2008/09/interview-psycho-star-anthony-perkins/

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El día en que finalmente llegó el fin del mundo… a la radio

Sabemos ahora, que en los primeros años del siglo XX, nuestro planeta estaba siendo observado muy atentamente por inteligencias superiores a las del hombre, aunque también tan mortales como las nuestras.
Sabemos ahora que mientras los hombres se dedicaban afanosamente a sus múltiples ocupaciones y negocios, estaban siendo examinados y estudiados, tan minuciosamente, como el hombre mismo hace con un microscopio cuando examina los microbios que se concentran y multiplican dentro de una gota de agua.
La gente se movía alegremente de un lado a otro por todo la faz de Tierra, dedicada a sus particulares quehaceres. Individuos plenamente convencidos de su dominio sobre este pequeño planeta del sistema solar, que, por casualidad, o mejor dicho, por designio Divino, el hombre ha heredado, escapando, así, de la misteriosa oscuridad del tiempo y del espacio.
Sin embargo, a través del inmenso universo, mentes que son a nuestras mentes como las nuestras lo son a las de las bestias de la jungla, inteligencias poderosas, frías y carentes de sentimientos, contemplaban con envidia nuestro planeta Tierra.*

Orson en la radio, y el NYT al día siguiente, en el día de Halloween.
Orson en la radio, y el NYT al día siguiente, en el día de Halloween.

Así comenzaba su relato sobre la invasión extraterrestre Orson Welles el domingo 30 de octubre de 1938 a la noche por una radio de la cadena CBS. Sólo que la invasión extraterrestre no era otra cosa más que un radioteatro basado en la novela de ciencia ficción de Herbert George Welles (sí, también Wells pero con una sola “e”) “La guerra de los mundos”. Y aun cuando antes de la transmisión, un locutor se encargó de indicar que se trataba de un radioteatro, la emisión provocó un descontrol en Nueva York.
Seguimos ahora la nota de Página12, “¡Apocalypse now!”** de V.A. del 30 de octubre de 1998, que relata el suceso del radioteatro de Welles:

Se trataba de una adaptación de La guerra de los mundos, una de las novelas pioneras de la ciencia ficción que había publicado en 1898 el escritor inglés H.G. Wells. Wells describe una invasión de marcianos inteligentes y agresivos. Lo que lograron Welles y el equipo de actores del Mercury Theatre –que, además, trasladaron la acción, que originalmente transcurría en Inglaterra, a Nueva Jersey– fue reconstruir esa ficción como si estuviera ocurriendo y difundirla del mismo modo en que hubiera sido anunciada en tal caso: con explicaciones científicas y descripciones desde el lugar de los hechos, entre otros trucos.
(…)
El programa había durado apenas 30 minutos, pero los artífices del show habían provocado que el pánico se extendiera entre los más desprevenidos con la celeridad con la que suelen propagarse los malentendidos: hubo suicidios masivos, migraciones impulsivas que congestionaron las rutas y autopistas de los alrededores de Nueva York, congestión en los sistemas de comunicaciones. Los que se resignaron a la llegada del “fin del mundo” colaboraron en que la tasa de natalidad del año siguiente superara, por esa noche, su media. En un diario de la época se leyó: “La gente huía despavorida, y el desorden era apocalíptico. Se multiplicaron las llamadas telefónicas, los accidentes, los partos prematuros, la violencia y las confesiones de los pecadores arrepentidos. Algunos huyeron a los montes de Dakota, y la histeria colectiva duró toda la noche”. El escándalo fue tal que el joven director debió pedir perdón al día siguiente.

Para tranquilidad de la audiencia, que se perdió el mensaje final porque estaban muy preocupados en armarse para el fin del mundo, Orson Welles decía:
Señoras y señores, les habla Orson Welles fuera, ya, del personaje que he estado interpretando. Les tengo que asegurar que “La Guerra de los Mundos” no ha tenido más intención que la de celebrar una simple fiesta. En su versión para la radio, el Teatro Mercurio también se disfrazó con una sábana y saltó desde los arbustos para asustar, diciendo… Huuu. Si empezáramos de nuevo, hubiéramos tardado todo un día en llenar de jabón sus ventanas o arrancar las puertas de sus jardines… Por tanto, preferimos, mejor, hacer otra cosa. Hemos aniquilado al mundo ante sus propios oídos y destruido totalmente la CBS. Espero que se sientan aliviados al saber que, realmente, no iba en serio y que ambas instituciones siguen abiertas para sus negocios. Así que, adiós a todos y, por favor, recuerden, al menos hasta mañana, la terrorífica lección que aprendieron esta noche. El invasor con cabeza de globo brillante y sonriente, que se encuentra en el salón de sus casas, no es otra cosa que un habitante con una calabaza hueca, y si acaso el timbre de la puerta suena y al abrir no ven a nadie, no será un marciano, sino… Halloween.
La transmisión completa y subtitulada:

 * El guión completo del radioteatro “La guerra de los mundos” de Orson Welles puede leerse en: http://www.abc.es/gestordocumental/uploads/Cultura/guion_%20espa_%20orson.pdf
** “¡Apocalypse now!” de V.A. en Página12. http://www.pagina12.com.ar/1998/98-10/98-10-30/pag29.htm

Poema de miércoles: “Piedra de sol” de Octavio Paz

Hoy es miércoles. Acá llueve con ganas. Demasiado ya. Este poema se lee o en silencio o con el sonido de la lluvia: “Piedra de sol” de Octavio Paz.
Octavio Paz
La treizième revient…c’est encor la première;
et c’est toujours la seule-ou c’est le seul moment;
car es-tu reine, ô toi, la première ou dernière?
es-tu roi, toi le seul ou le dernier amant?
Gérard de Nerval, Arthèmis

Un sauce de cristal, un chopo de agua,
un alto surtidor que el viento arquea,
un árbol bien plantado mas danzante,
un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre:
un caminar tranquilo
de estrella o primavera sin premura,
agua que con los párpados cerrados
mana toda la noche profecías,
unánime presencia en oleaje,
ola tras ola hasta cubrirlo todo,
verde soberanía sin ocaso
como el deslumbramiento de las alas
cuando se abren en mitad del cielo,

un caminar entre las espesuras
de los días futuros y el aciago
fulgor de la desdicha como un ave
petrificando el bosque con su canto
y las felicidades inminentes
entre las ramas que se desvanecen,
horas de luz que pican ya los pájaros,
presagios que se escapan de la mano,

una presencia como un canto súbito,
como el viento cantando en el incendio,
una mirada que sostiene en vilo
al mundo con sus mares y sus montes,
cuerpo de luz filtrado por un ágata,
piernas de luz, vientre de luz, bahías,
roca solar, cuerpo color de nube,
color de día rápido que salta,
la hora centellea y tiene cuerpo,
el mundo ya es visible por tu cuerpo,
es transparente por tu transparencia,

voy entre galerías de sonidos,
fluyo entre las presencias resonantes,
voy por las transparencias como un ciego,
un reflejo me borra, nazco en otro,
oh bosque de pilares encantados,
bajo los arcos de la luz penetro
los corredores de un otoño diáfano,

voy por tu cuerpo como por el mundo,
tu vientre es una plaza soleada,
tus pechos dos iglesias donde oficia
la sangre sus misterios paralelos,
mis miradas te cubren como yedra,
eres una ciudad que el mar asedia,
una muralla que la luz divide
en dos mitades de color durazno,
un paraje de sal, rocas y pájaros
bajo la ley del mediodía absorto,

vestida del color de mis deseos
como mi pensamiento vas desnuda,
voy por tus ojos como por el agua,
los tigres beben sueño de esos ojos,
el colibrí se quema en esas llamas,
voy por tu frente como por la luna,
como la nube por tu pensamiento,
voy por tu vientre como por tus sueños,

tu falda de maíz ondula y canta,
tu falda de cristal, tu falda de agua,
tus labios, tus cabellos, tus miradas,
toda la noche llueves, todo el día
abres mi pecho con tus dedos de agua,
cierras mis ojos con tu boca de agua,
sobre mis huesos llueves, en mi pecho
hunde raíces de agua un árbol líquido,

voy por tu talle como por un río,
voy por tu cuerpo como por un bosque,
como por un sendero en la montaña
que en un abismo brusco se termina
voy por tus pensamientos afilados
y a la salida de tu blanca frente
mi sombra despeñada se destroza,
recojo mis fragmentos uno a uno
y prosigo sin cuerpo, busco a tientas,

corredores sin fin de la memoria,
puertas abiertas a un salón vacío
donde se pudren todos lo veranos,
las joyas de la sed arden al fondo,
rostro desvanecido al recordarlo,
mano que se deshace si la toco,
cabelleras de arañas en tumulto
sobre sonrisas de hace muchos años,

a la salida de mi frente busco,
busco sin encontrar, busco un instante,
un rostro de relámpago y tormenta
corriendo entre los árboles nocturnos,
rostro de lluvia en un jardín a obscuras,
agua tenaz que fluye a mi costado,

busco sin encontrar, escribo a solas,
no hay nadie, cae el día, cae el año,
caigo en el instante, caigo al fondo,
invisible camino sobre espejos
que repiten mi imagen destrozada,
piso días, instantes caminados,
piso los pensamientos de mi sombra,
piso mi sombra en busca de un instante,

busco una fecha viva como un pájaro,
busco el sol de las cinco de la tarde
templado por los muros de tezontle:
la hora maduraba sus racimos
y al abrirse salían las muchachas
de su entraña rosada y se esparcían
por los patios de piedra del colegio,
alta como el otoño caminaba
envuelta por la luz bajo la arcada
y el espacio al ceñirla la vestía
de un piel más dorada y transparente,

tigre color de luz, pardo venado
por los alrededores de la noche,
entrevista muchacha reclinada
en los balcones verdes de la lluvia,
adolescente rostro innumerable,
he olvidado tu nombre, Melusina,
Laura, Isabel, Perséfona, María,
tienes todos los rostros y ninguno,
eres todas las horas y ninguna,
te pareces al árbol y a la nube,
eres todos los pájaros y un astro,
te pareces al filo de la espada
y a la copa de sangre del verdugo,
yedra ue avanza, envuelve y desarraiga
al alma y la divide de sí misma,
escritura de fuego sobre el jade,
grieta en la roca, reina de serpientes,
columna de vapor, fuente en la peña,
circo lunar, peñasco de las águilas,
grano de anís, espina diminuta
y mortal que da penas inmortales,
pastora de los valles submarinos
y guardiana del valle de los muertos,
liana que cuelga del cantil del vértigo,
enredadera, planta venenosa,
flor de resurrección, uva de vida,
señora de la flauta y del relámpago,
terraza del jazmín, sal en la herida,
ramo de rosas para el fusilado,
nieve en agosto, luna del patíbulo,
escritura del mar sobre el basalto,
escritura del viento en el desierto,
testamento del sol, granada, espiga,

rostro de llamas, rostro devorado,
adolescente rostro perseguido
años fantasmas, días circulares
que dan al mismo patio, al mismo muro,
arde el instante y son un solo rostro
los sucesivos rostros de la llama,
todos los nombres son un solo nombre
todos los rostros son un solo rostro,
todos los siglos son un solo instante
y por todos los siglos de los siglos
cierra el paso al futuro un par de ojos,

no hay nada frente a mí, sólo un instante
rescatado esta noche, contra un sueño
de ayuntadas imágenes soñado,
duramente esculpido contra el sueño,
arrancado a la nada de esta noche,
a pulso levantado letra a letra,
mientras afuera el tiempo se desboca
y golpea las puertas de mi alma
el mundo con su horario carnicero,

sólo un instante mientras las ciudades,
los nombres, lo sabores, lo vivido,
se desmoronan en mi frente ciega,
mientras la pesadumbre de la noche
mi pensamiento humilla y mi esqueleto,
y mi sangre camina más despacio
y mis dientes se aflojan y mis ojos
se nublan y los días y los años
sus horrores vacíos acumulan,

mientras el tiempo cierra su abanico
y no hay nada detrás de sus imágenes
el instante se abisma y sobrenada
rodeado de muerte, amenazado
por la noche y su lúgubre bostezo,
amenazado por la algarabía
de la muerte vivaz y enmascarada
el instante se abisma y se penetra,
como un puño se cierra, como un fruto
que madura hacia dentro de sí mismo
y a sí mismo se bebe y se derrama
el instante translúcido se cierra
y madura hacia dentro, echa raíces,
crece dentro de mí, me ocupa todo,
me expulsa su follaje delirante,
mis pensamientos sólo son su pájaros,
su mercurio circula por mis venas,
árbol mental, frutos sabor de tiempo,

oh vida por vivir y ya vivida,
tiempo que vuelve en una marejada
y se retira sin volver el rostro,
lo que pasó no fue pero está siendo
y silenciosamente desemboca
en otro instante que se desvanece:

frente a la tarde de salitre y piedra
armada de navajas invisibles
una roja escritura indescifrable
escribes en mi piel y esas heridas
como un traje de llamas me recubren,
ardo sin consumirme, busco el agua
y en tus ojos no hay agua, son de piedra,
y tus pechos, tu vientre, tus caderas
son de piedra, tu boca sabe a polvo,
tu boca sabe a tiempo emponzoñado,
tu cuerpo sabe a pozo sin salida,
pasadizo de espejos que repiten
los ojos del sediento, pasadizo
que vuelve siempre al punto de partida,
y tú me llevas ciego de la mano
por esas galerías obstinadas
hacia el centro del círculo y te yergues
como un fulgor que se congela en hacha,
como luz que desuella, fascinante
como el cadalso para el condenado,
flexible como el látigo y esbelta
como un arma gemela de la luna,
y tus palabras afiladas cavan
mi pecho y me despueblan y vacían,
uno a uno me arrancas los recuerdos,
he olvidado mi nombre, mis amigos
gruñen entre los cerdos o se pudren
comidos por el sol en un barranco,

no hay nada en mí sino una larga herida,
una oquedad que ya nadie recorre,
presente sin ventanas, pensamiento
que vuelve, se repite, se refleja
y se pierde en su misma transparencia,
conciencia traspasada por un ojo
que se mira mirarse hasta anegarse
de claridad:
yo vi tu atroz escama,
Melusina, brillar verdosa al alba,
dormías enroscada entre las sábanas
y al despertar gritaste como un pájaro
y caíste sin fin, quebrada y blanca,
nada quedó de ti sino tu grito,
y al cabo de los siglos me descubro
con tos y mala vista, barajando
viejas fotos:
no hay nadie, no eres nadie,
un montón de ceniza y una escoba,
un cuchillo mellado y un plumero,
un pellejo colgado de unos huesos,
un racimo ya seco, un hoyo negro
y en el fondo del hoyo los dos ojos
de una niña ahogada hace mil años,

miradas enterradas en un pozo,
miradas que nos ven desde el principio,
mirada niña de la madre vieja
que ve en el hijo grande un padre joven,
mirada madre de la niña sola
que ve en el padre grande un hijo niño,
miradas que nos miran desde el fondo
de la vida y son trampas de la muerte
—¿o es al revés: caer en esos ojos
es volver a la vida verdadera?,

¡caer, volver, soñarme y que me sueñen
otros ojos futuros, otra vida,
otras nubes, morirme de otra muerte!
—esta noche me basta, y este instante
que no acaba de abrirse y revelarme
dónde estuve, quién fui, cómo te llamas,
cómo me llamo yo:
¿hacía planes
para el verano —y todos los veranos—
en Christopher Street, hace diez años,
con Filis que tenía dos hoyuelos
donde bebían luz los gorriones?,
¿por la Reforma Carmen me decía
“no pesa el aire, aquí siempre es octubre”,
o se lo dijo a otro que he perdido
o yo lo invento y nadie me lo ha dicho?,
¿caminé por la noche de Oaxaca,
inmensa y verdinegra como un árbol,
hablando solo como el viento loco
y al llegar a mi cuarto —siempre un cuarto—
no me reconocieron los espejos?,
¿desde el hotel Vernet vimos al alba
bailar con los castaños — “ya es muy tarde”
decías al peinarte y yo veía
manchas en la pared, sin decir nada?,
¿subimos juntos a la torre, vimos
caer la tarde desde el arrecife?
¿comimos uvas en Bidart?, ¿compramos
gardenias en Perote?,
nombres, sitios,
calles y calles, rostros, plazas, calles,
estaciones, un parque, cuartos solos,
manchas en la pared, alguien se peina,
alguien canta a mi lado, alguien se viste,
cuartos, lugares, calles, nombres, cuartos,

Madrid, 1937,
en la Plaza del Ángel las mujeres
cosían y cantaban con sus hijos,
después sonó la alarma y hubo gritos,
casas arrodilladas en el polvo,
torres hendidas, frentes esculpidas
y el huracán de los motores, fijo:
los dos se desnudaron y se amaron
por defender nuestra porción eterna,
nuestra ración de tiempo y paraíso,
tocar nuestra raíz y recobrarnos,
recobrar nuestra herencia arrebatada
por ladrones de vida hace mil siglos,
los dos se desnudaron y besaron
porque las desnudeces enlazadas
saltan el tiempo y son invulnerables,
nada las toca, vuelven al principio,
no hay tú ni yo, mañana, ayer ni nombres,
verdad de dos en sólo un cuerpo y alma,
oh ser total…
cuartos a la deriva
entre ciudades que se van a pique,
cuartos y calles, nombres como heridas,
el cuarto con ventanas a otros cuartos
con el mismo papel descolorido
donde un hombre en camisa lee el periódico
o plancha una mujer; el cuarto claro
que visitan las ramas de un durazno;
el otro cuarto: afuera siempre llueve
y hay un patio y tres niños oxidados;
cuartos que son navíos que se mecen
en un golfo de luz; o submarinos:
el silencio se esparce en olas verdes,
todo lo que tocamos fosforece;
mausoleos de lujo, ya roídos
los retratos, raídos los tapetes;
trampas, celdas, cavernas encantadas,
pajareras y cuartos numerados,
todos se transfiguran, todos vuelan,
cada moldura es nube, cada puerta
da al mar, al campo, al aire, cada mesa
es un festín; cerrados como conchas
el tiempo inútilmente los asedia,
no hay tiempo ya, ni muro: ¡espacio, espacio,
abre la mano, coge esta riqueza,
corta los frutos, come de la vida,
tiéndete al pie del árbol, bebe el agua!,

todo se transfigura y es sagrado,
es el centro del mundo cada cuarto,
es la primera noche, el primer día,
el mundo nace cuando dos se besan,
gota de luz de entrañas transparentes
el cuarto como un fruto se entreabre
o estalla como un astro taciturno
y las leyes comidas de ratones,
las rejas de los bancos y las cárceles,
las rejas de papel, las alambradas,
los timbres y las púas y los pinchos,
el sermón monocorde ede las armas,
el escorpión meloso y con bonete,
el tigre con chistera, presidente
del Club Vegetariano y la Cruz Roja,
el burro pedagogo, el cocodrilo
metido a redentor, padre de pueblos,
el Jefe, el tiburón, el arquitecto
del porvenir, el cerdo uniformado,
el hijo pedilecto de la Iglesia
que se lava la negra dentadura
con el agua bendita y toma clases
de inglés y democracia, las paredes
invisibles, las máscaras podridas
que dividen al hombe de los hombres,
al hombre de sí mismo,
se derrumban
por un instante inmenso y vislumbramos
nuestra unidad perdida, el desamparo
que es ser hombres, la gloria que es ser hombres
y compartir el pan, el sol, la muerte,
el olvidado asombro de estar vivos;

amar es combatir, si dos se besan
el mundo cambia, encarnan los deseos,
el pensamiento encarna, brotan las alas
en las espaldas del esclavo, el mundo
es real y tangible, el vino es vino,
el pan vuelve a saber, el agua es agua,
amar es combatir, es abrir puertas,
dejar de ser fantasma con un número
a perpetua cadena condenado
por un amo sin rostro;
el mundo cambia
si dos se miran y se reconocen,
amar es desnudarse de los nombres:
“déjame ser tu puta”, son palabras
de Eloísa, mas él cedió a las leyes,
la tomó por esposa y como premio
lo castraron después;
mejor el crimen,
los amantes suicidas, el incesto
de los hermanos como dos espejos
enamorados de su semejanza,
mejor comer el pan envenenado,
el adulterio en lechos de ceniza,
los amores feroces, el delirio,
su yedra ponzoñosa, el sodomita
que lleva por clavel en la solapa
un gargajo, mejor ser lapidado
en las plazas que dar vuelta a la noria
que exprime la substancia de la vida,
cambia la eternidad en horas huecas,
los minutos en cárceles, el tiempo
en monedas de cobre y mierda abstracta;

mejor la castidad, flor invisible
que se mece en los tallos del silencio,
el difícil diamante de los santos
que filtra los deseos, sacia al tiempo,
nupcias de la quietud y el movimiento,
canta la soledad en su corola,
pétalo de cristal en cada hora,
el mundo se despoja de sus máscaras
y en su centro, vibrante transparencia,
lo que llamamos Dios, el ser sin nombre,
se contempla en la nada, el ser sin rostro
emerge de sí mismo, sol de soles,
plenitud de presencias y de nombres;

sigo mi desvarío, cuartos, calles,
camino a tientas por los corredores
del tiempo y subo y bajo sus peldaños
y sus paredes palpo y no me muevo,
vuelvo donde empecé, busco tu rostro,
camino por las calles de mí mismo
bajo un sol sin edad, y tú a mi lado
caminas como un árbol, como un río
caminas y me hablas como un río,
creces como una espiga entre mis manos,
lates como una ardilla entre mis manos,
vuelas como mil pájaros, tu risa
me ha cubierto de espumas, tu cabeza
es un astro pequeño entre mis manos,
el mundo reverdece si sonríes
comiendo una naranja,
el mundo cambia
si dos, vertiginosos y enlazados,
caen sobre las yerba: el cielo baja,
los árboles ascienden, el espacio
sólo es luz y silencio, sólo espacio
abierto para el águila del ojo,
pasa la blanca tribu de las nubes,
rompe amarras el cuerpo, zarpa el alma,
perdemos nuestros nombres y flotamos
a la deriva entre el azul y el verde,
tiempo total donde no pasa nada
sino su propio transcurrir dichoso,

no pasa nada, callas, parpadeas
(silencio: cruzó un ángel este instante
grande como la vida de cien soles),
¿no pasa nada, sólo un parpadeo?
—y el festín, el destierro, el primer crimen,
la quijada del asno, el ruido opaco
y la mirada incrédula del muerto
al caer en el llano ceniciento,
Agamenón y su mugido inmenso
y el repetido grito de Casandra
más fuerte que los gritos de las olas,
Sócrates en cadenas” (el sol nace,
morir es despertar: “Critón, un gallo
a Esculapio, ya sano de la vida”),
el chacal que diserta entre las ruinas
de Nínive, la sombra que vio Bruto
antes de la batalla, Moctezuma
en el lecho de espinas de su insomnio,
el viaje en la carretera hacia la muerte
—el viaje interminable mas contado
por Robespierre minuto tras minuto,
la mandíbula rota entre las manos—,
Churruca en su barrica como un trono
escarlata, los pasos ya contados
de Lincoln al salir hacia el teatro,
el estertor de Trotsky y sus quejidos
de jabalí, Madero y su mirada
que nadie contestó: ¿por qué me matan?,
los carajos, los ayes, los silencios
del criminal, el santo, el pobre diablo,
cementerio de frases y de anécdotas
que los perros retóricos escarban,
el delirio, el relincho, el ruido obscuro
que hacemos al morir y ese jadeo
que la vida que nace y el sonido
de huesos machacadosen la riña
y la boca de espuma del profeta
y su grito y el grito del verdugo
y el grito de la víctima…
son llamas
los ojos y son llamas lo que miran,
llama la oreja y el sonido llama,
brasa los labios y tizón la lengua,
el tacto y lo que toca, el pensamiento
y lo pensado, llama el que lo piensa,
todo se quema, el universo es llama,
arde la misma nada que no es nada
sino un pensar en llamas, al fin humo:
no hay verdugo ni víctima…
¿y el grito
en la tarde del viernes?, y el silencio
que se cubre de signos, el silencio
que dice sin decir, ¿no dice nada?,
¿no son nada los gritos de los hombres?,
¿no pasa nada cuando pasa el tiempo?

—no pasa nada, sólo un parpadeo
del sol, un movimiento apenas, nada,
no hay redención, no vuelve atrás el tiempo,
los muerto están fijos en su muerte
y no pueden morirse de otra muerte,
intocables, clavados en su gesto,
desde su soledad, desde su muerte
sin remedio nos miran sin mirarnos,
su muerte ya es la estatua de su vida,
un siempre estar ya nada para siempre,
cada minuto es nada para simepre,
un rey fantasma rige sus latidos
y tu gesto final, tu dura máscara
labra sobre tu rostro cambiante:
el monumento somos de una vida
ajena y no vivida, apenas nuestra,

—¿la vida, cuándo fue de veras nuestra?,
¿cuando somos de veras lo que somos?,
bien mirado no somos, nunca somos
a solas sino vértigo y vacío,
muecas en el espejo, horror y vómito,
nunca la vida es nuestra, es de los otros,
la vida no es de nadie, todos somos
la vida —pan de sol para los otros,
los otros todos que nosotros somos—,
soy otro cuando soy, los actos míos
son más míos si son también de todos,
para que pueda ser he de ser otro,
salir de mí, buscarme entre los otros,
los otros que no son si yo no existo,
los otros que me dan plena existencia,
no soy, no hay yo, siempre somos nosotros,
la vida es otra, siempre allá, más lejos,
fuera de ti, de mí, siempre horizonte,
vida que nos desvive y enajena,
que nos inventa un rostro y lo desgasta,
hambre de ser, oh muerte, pan de todos,

Eloísa, Perséfona, María,
muestra tu rostro al fin para que vea
mi cara verdadera, la del otro,
mi cara de nosotros siempre todos,
cara de árbol y de panadero,
de chófer y de nube y de marino,
cara de sol y arroyo y Pedro y Pablo,
cara de solitario colectivo,
despiértame, ya nazco:
vida y muerte
pactan en ti, señora de la noche,
torre de claridad, reina del alba,
virgen lunar, madre del agua madre,
cuerpo del mundo, casa de la muerte,
caigo sin fin desde mi nacimiento,
caigo en mí mismo sin tocar mi fondo,
recógeme en tus ojos, junta el polvo
disperso y reconcilia mis cenizas,
ata mis huesos divididos, sopla
sobre mi ser, entiérrame en tu tierra,
tu silencio dé paz al pensamiento
contra sí mismo airado;
abre la mano,
señora de semillas que son días,
el día es inmortal, asciende, crece,
acaba de nacer y nunca acaba,
cada día es nacer, un nacimiento
es cada amanecer y yo amanezco,
amanecemos todos, amanece
el sol cara de sol, Juan amanece
con su cara de Juan cara de todos,

puerta del ser, despiértame, amanece,
déjame ver el rostro de este día,
déjame ver el rostro de esta noche,
todo se comunica y transfigura,
arco de sangre, puente de latidos,
llévame al otro lado de esta noche,
adonde yo soy tú somos nosotros,
al reino de pronombres enlazados,

puerta del ser: abre tu ser, despierta,
aprende a ser también, labra tu cara,
trabaja tus facciones, ten un rostro
para mirar mi rostro y que te mire,
para mirar la vida hasta la muerte,
rostro de mar, de pan, de roca y fuente,
manantial que disuelve nuestros rostros
en el rostro sin nombre, el ser sin rostro,
indecible presencia de presencias…

quiero seguir, ir más allá, y no puedo:
se despeñó el instante en otro y otro,
dormí sueños de piedra que no sueña
y al cabo de los años como piedras
oí cantar mi sangre encarcelada,
con un rumor de luz el mar cantaba,
una a una cedían las murallas,
todas las puertas se desmoronaban
y el sol entraba a saco por mi frente,
despegaba mis párpados cerrados,
desprendía mi ser de su envoltura,
me arrancaba de mí, me separaba
de mi bruto dormir siglos de piedra
y su magia de espejos revivía
un sauce de cristal, un chopo de agua,
un alto surtidor que el viento arquea,
un árbol bien plantado mas danzante,
un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre:

Captura: The giant mechanical man

The giant mechanical man, Lee Kirk. EEUU, 2012.

Cosas del amor que apenas si tienen importancia. Snif.

The giant mechanical man.

Captura: Hoje Eu Quero Voltar Sozinho

Hoje Eu Quero Voltar Sozinho, Daniel Ribeiro. Brasil, 2014.
Hoje Eu Quero Voltar Sozinho, Daniel Ribeiro. Brasil, 2014.

¡Feliz lunes!

12 de febrero de 2015 – II Programa 42

“Los caprichos…” retomaron ayer sus andanzas, pero demorados por un corte de luz de dudosa procedencia. En este programa una investigación exhaustiva del hecho, o no. Primer programa del año:

VIVAN LOS FREAKS

Parte 1:

http://www.ivoox.com/programa-42-ii-19-febrero-de_md_4110750_wp_1.mp3″

Ir a descargar
Parte 2:

http://www.ivoox.com/programa-42-ii-19-febrero-de_md_4111081_wp_1.mp3″

Ir a descargar
150219

Parte 1:
Poema sin título de Marosa di Giorgio en “La flor de lis”.

Utopians – Allá voy


Película: “Frank” (Lenny Abrahamson)

Radiohead – Creep

Poema sin título de Alejandra Pizarnik.

The Soronprfbs & Michael Fassbender – I Love You All


“El abandono y la pasividad” de Antonio Di Benedetto.

Luis Alberto Spinetta – BolsoDios
Daniel Melero – Tantas cosas
————

Biopic: Maggie Gyllenhaal.

Maggie Gyllenhaal – How Lucky Am I

In a world: “Oscars 2015”.

Family of the Year – Hero
The Flaming Lips – Do You Realize??
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Parte 2:
Soda Stereo – Nada personal

Película: “Lars and the real girl” (Craig Gillespie)

Fito Páez – Tengo una muñeca que regala besos
Massacre – Canción de las muñecas

Fragmento de “Memorias secretas de una muchacha” de Silvina Ocampo.
Valle de Muñecas – La soledad no es una herida
Charly García – Chipi Chipi [vivo, “Hello: MTV Unplugged”]

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“Yo digo adentro mío” de Jorge Boccanera.

The Beatles – Within You Without You + Tomorrow Never Knows [versión “Love”]


Fragmento de “El loro de Flaubert” de Julian Barnes.

The Jimi Hendrix Experience – Burning of the Midnight Lamp
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