Sabemos ahora, que en los primeros años del siglo XX, nuestro planeta estaba siendo observado muy atentamente por inteligencias superiores a las del hombre, aunque también tan mortales como las nuestras.
Sabemos ahora que mientras los hombres se dedicaban afanosamente a sus múltiples ocupaciones y negocios, estaban siendo examinados y estudiados, tan minuciosamente, como el hombre mismo hace con un microscopio cuando examina los microbios que se concentran y multiplican dentro de una gota de agua.
La gente se movía alegremente de un lado a otro por todo la faz de Tierra, dedicada a sus particulares quehaceres. Individuos plenamente convencidos de su dominio sobre este pequeño planeta del sistema solar, que, por casualidad, o mejor dicho, por designio Divino, el hombre ha heredado, escapando, así, de la misteriosa oscuridad del tiempo y del espacio.
Sin embargo, a través del inmenso universo, mentes que son a nuestras mentes como las nuestras lo son a las de las bestias de la jungla, inteligencias poderosas, frías y carentes de sentimientos, contemplaban con envidia nuestro planeta Tierra.*

Orson en la radio, y el NYT al día siguiente, en el día de Halloween.
Orson en la radio, y el NYT al día siguiente, en el día de Halloween.

Así comenzaba su relato sobre la invasión extraterrestre Orson Welles el domingo 30 de octubre de 1938 a la noche por una radio de la cadena CBS. Sólo que la invasión extraterrestre no era otra cosa más que un radioteatro basado en la novela de ciencia ficción de Herbert George Welles (sí, también Wells pero con una sola “e”) “La guerra de los mundos”. Y aun cuando antes de la transmisión, un locutor se encargó de indicar que se trataba de un radioteatro, la emisión provocó un descontrol en Nueva York.
Seguimos ahora la nota de Página12, “¡Apocalypse now!”** de V.A. del 30 de octubre de 1998, que relata el suceso del radioteatro de Welles:

Se trataba de una adaptación de La guerra de los mundos, una de las novelas pioneras de la ciencia ficción que había publicado en 1898 el escritor inglés H.G. Wells. Wells describe una invasión de marcianos inteligentes y agresivos. Lo que lograron Welles y el equipo de actores del Mercury Theatre –que, además, trasladaron la acción, que originalmente transcurría en Inglaterra, a Nueva Jersey– fue reconstruir esa ficción como si estuviera ocurriendo y difundirla del mismo modo en que hubiera sido anunciada en tal caso: con explicaciones científicas y descripciones desde el lugar de los hechos, entre otros trucos.
(…)
El programa había durado apenas 30 minutos, pero los artífices del show habían provocado que el pánico se extendiera entre los más desprevenidos con la celeridad con la que suelen propagarse los malentendidos: hubo suicidios masivos, migraciones impulsivas que congestionaron las rutas y autopistas de los alrededores de Nueva York, congestión en los sistemas de comunicaciones. Los que se resignaron a la llegada del “fin del mundo” colaboraron en que la tasa de natalidad del año siguiente superara, por esa noche, su media. En un diario de la época se leyó: “La gente huía despavorida, y el desorden era apocalíptico. Se multiplicaron las llamadas telefónicas, los accidentes, los partos prematuros, la violencia y las confesiones de los pecadores arrepentidos. Algunos huyeron a los montes de Dakota, y la histeria colectiva duró toda la noche”. El escándalo fue tal que el joven director debió pedir perdón al día siguiente.

Para tranquilidad de la audiencia, que se perdió el mensaje final porque estaban muy preocupados en armarse para el fin del mundo, Orson Welles decía:
Señoras y señores, les habla Orson Welles fuera, ya, del personaje que he estado interpretando. Les tengo que asegurar que “La Guerra de los Mundos” no ha tenido más intención que la de celebrar una simple fiesta. En su versión para la radio, el Teatro Mercurio también se disfrazó con una sábana y saltó desde los arbustos para asustar, diciendo… Huuu. Si empezáramos de nuevo, hubiéramos tardado todo un día en llenar de jabón sus ventanas o arrancar las puertas de sus jardines… Por tanto, preferimos, mejor, hacer otra cosa. Hemos aniquilado al mundo ante sus propios oídos y destruido totalmente la CBS. Espero que se sientan aliviados al saber que, realmente, no iba en serio y que ambas instituciones siguen abiertas para sus negocios. Así que, adiós a todos y, por favor, recuerden, al menos hasta mañana, la terrorífica lección que aprendieron esta noche. El invasor con cabeza de globo brillante y sonriente, que se encuentra en el salón de sus casas, no es otra cosa que un habitante con una calabaza hueca, y si acaso el timbre de la puerta suena y al abrir no ven a nadie, no será un marciano, sino… Halloween.
La transmisión completa y subtitulada:

 * El guión completo del radioteatro “La guerra de los mundos” de Orson Welles puede leerse en: http://www.abc.es/gestordocumental/uploads/Cultura/guion_%20espa_%20orson.pdf
** “¡Apocalypse now!” de V.A. en Página12. http://www.pagina12.com.ar/1998/98-10/98-10-30/pag29.htm
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