Magical girl, Carlos Vermut. España, 2014.

El país de las maravillas (Le meraviglie), Alice Rohrwacher. Italia, 2014.
Una familia apicultora compuesta por mujeres que temen al padre, al marido, al ¿hermano? Una familia apicultora a metros del mar, en una tapera habitada, con los sueños diezmados por la figura paterna que hostiga, mutila, y a la vez empodera.
Hay verdaderas pinturas por fotogramas. Rohrwacher les ha pintado un mundo nuevo, distinto, maravilloso, a esas mujeres dolidas y tristes que acatan las órdenes del hombre. Les ha puesto soles donde los ojos jamás han visto, aromas dulces en escenarios putrefactos; cielos inmensos en medio de tanto encierro; las abejas y su miel, que titilan una esperanza ausente; y el mar y los ojos, las dos escapatorias: el mar y los ojos, ahí donde la cámara ya no llega porque el horizonte se vuelve incierto y siempre está conectado con un más allá desconocido.
Luna quiere conocer. Caterina quiere volar. Marinella tiene ya un mundo paralelo. La madre y la tía Cocó resguardan, protegen, acarician para salvar. Gelsomina, la muy triste Gelsomina, acata buscando el cariño paterno, sueña buscándose a sí misma, apenas intenta sonreír para no dejarse caer, y vuelve a soñar con soñar, a ver si así encuentra al conejo blanco que la libere de la opresión, de las picaduras de abejas en su rostro de nena que quiere ser vista, que quiere mucho más que quitarle los aguijones a su padre.

Las canciones no deberían hacernos escapar. Al menos, no creo que esa sea su función. Cuando Ana (Torrent) baila primero y luego canta a solas “Por qué te vas” de Jeanette (esa oscuridad sexual teñida de niña), lo que no quiere, lo que evita, es el recuerdo de la madre muerta, del padre muerto, de la tía que debe morir. Con “Le meraviglie” no se puede dejar de pensar en “Cría cuervos” de Saura: ¿por qué la canción de Gelso y Marinella es “T’appartengo” de Ambra? (Sí, “Te pertenezco”; hay una versión en español). ¿Por qué las nenas bailan esa canción en el claustro del laboratorio donde procesan la miel?
Ambra suena en la radio. Las nenas no tienen la canción: la canción de pronto aparece y las salva, las arranca del mundo y por un par de minutos se permiten ser otras, quizás quienes quieren ser, aún con una canción tan menor como esa, apenas un hit armado para gustar. Pero no bailan las dos: Gelso observa. La más grande, la “capa” de la familia, observa. Está preparando a su hermana, le está dando las herramientas que ella nunca tuvo, le está diciendo que hay otra posibilidad, algo que la madre intenta decirle a la Gelso picoteada y avergonzada, y que termina por no hacerlo, simplemente porque sería mentirle, generarle más esperanzas de las que jamás podrá tener.
Sí, el fin del mundo se acerca, como anuncia el padre (y por eso las arrastra a su infierno): llega porque una niña no tiene permitido soñar.

Gelsomina pone una abeja en su boca. Nadie alcanza a ver el artilugio. Luego, el silencio. Descubre su cara, sus ojos inmensos, sus labios caídos, sus aritos colgando -único recuerdo de un mundo inexistente-. Los brazos caen lentamente mientras su boca se abre. Una abeja sale de su interior. No sabíamos que estaba ahí. Una abeja sale de su boca, sin picarla. Camina lentamente por su rostro, cuesta arriba. Ahí donde otras abejas la han picado, esta abeja se detiene. Levemente corre a la abeja de sus pómulos para arrastrarla y cobijarla entre sus dedos. Ahí, finalmente ahí, Gelso sonríe. Sonríe por la travesura que se permitió hacer, ante los ojos sorprendidos y enamorados de quienes presenciaron la magia.
El cuadro de textura granulada se detiene un segundo en los ojos de la niña. Hay un mar inmenso inundándolo todo.

Dos personajes irrumpen en la vida de esta familia: uno es Milly Catena (Monica Bellucci), un personaje de la tele que conduce un nuevo concurso: “El país de las maravillas”. El otro es un niño recluso de Alemania que, por un programa de integración, llega a esa familia para prestar sus músculos. Ambos -al menos- manejan otro idioma. Las niñas los miran como a extraños, como a posibilidades latentes. El niño intentará escapar. El sueño que promete Milly Catena y su concurso se escapará con sus sueños, después de que tuvieron que vender todo para cumplir con las reglas y pagar las deudas.
“Le meraviglie” es no sólo el mundo soñado por las mujeres, sino también la promesa televisiva, el uso de su imagen para promocionar otra cosa. La maravilla es también otra mentira, en la que tampoco existen, al fin.

Cuando Gelso encuentra finalmente al niño que se había escapado del concurso y los besos, duermen abrazados. Finalmente él se deja abrazar y ella abraza. Duermen abrazados al lado de una fogata, en una cueva que proyecta otras sombras, las de dos niños dejándose ser en una noche oscura: dos cuerpos impresos en la roca del tiempo, hasta que el viento lo arrase todo.
¿Qué buscan los carabineros en el comienzo de la película? En la oscuridad de la noche los faros de las camionetas bañan de luz al campo. Por esa luz exterior conocemos a esta familia, logramos hacerlos presentes. “Le meraviglie” cuenta la historia de los olvidados que quieren dejar un rastro de su historia, así sea escondiendo un recuerdo debajo de una baldosa.
Duermen afuera cuando Gelsomina llega. Con la panorámica de la cámara, las cuatro niñas y los mayores desaparecen. Ha quedado otra casa abandonada. Abandonada y sin puertas. Granulado el universo, puerta a puerta se enfatiza la ausencia, mientras el viento mueve los lindes de la sábana que tapa lo que vendrá, así sea el silencio, la noche, la oscuridad nuevamente, hasta que una niña asustada y con frío prenda los fósforos que no vendió en una ciudad que también la olvida, a medio camino de su casa, donde la espera la paliza y, en ese rincón del mundo, la muerte, el más certero de los horizontes.

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