Lady sings the blues, Sidney J. Furie. EE.UU., 1972.

What Happened, Miss Simone?, Liz Garbus. EE.UU., 2015.
“¿Cómo podés ser una artista y no reflejar tu tiempo?”.
Además de la música y de la historia de vida, “What Happened, Miss Simone?” se encarga de analizar, poner en evidencia, revelar el carácter, el poder de la voz, el movimiento de la “increíble” Nina Simone en el escenario. Lejos de sus discos y grabaciones, que apenas se nombran, la música acompaña al gesto, el sonido a su voz, sus ojos perdidos en la memoria, en el grito, sus brazos contoneándose para liberarse, su columna vertebral rompiéndose como las de miles y miles de negros que sufrieron y sufren el yugo por la raza, esa pseudocategorización político-cultural contra la que luchó durante toda su vida.
Es un film de lucha porque es una vida de lucha. Escuchando a Nina Simone se puede rozar el dolor, el sufrimiento, el sentir de liberación. Pero el documental nos acerca a la crudeza de su compromiso político, relata sus fisuras, ese cuerpo inquieto que en ningún momento deja de ser Nina Simone. La nena que entiende a los 4 años que hay una trama oscura detrás de la línea divisoria de las vías del tren. La mujer que escribe “Mississippi Goddam” y hace estallar todo tipo de petulancia llena de pruritos para proclamarse sobre el exterminio, la dominación del gringo blanco yanqui al negro explotado de las afueras.
Nina quiere ser la primera concertista negra en tocar en el Carnegie Hall. Toca, pero sus primeros éxitos como cantante de jazz, de blues, de todo. Su marido la caga a palos. Años después ella también golpeará a su hija. En la penumbra de su carrera se le diagnosticará la bipolaridad. Y ahí toca de nuevo, ya no en Estados Unidos, ya no por los derechos civiles de los negros. Simplemente toca para liberarse, para sentirse libre.
“Te voy a decir lo que la libertad es para mí: no temer”.
Y temió. Luchó porque temió. Luchó con su voz porque le dijeron que las armas no eran lo suyo. Luchó con su piano de concertista, también con sus demonios. Empoderada y derrotada, a la sombra de las muchachas negras que hicieron todo bien, su cuerpo se detiene sólo para reclamar silencio, respeto, para educar a la audiencia que quiere levantarse para estirar las piernas.
Mientras su cuerpo se menea, la mirada fija en la memoria, los brazos estirados, las piernas sueltas, los labios disciplinados, Nina hace temblar con su canción primitiva de trabajadora cansada, de ritual, de prisionero que lentamente va zafando del yugo, emergiendo de la sombra, recuperando la luz. En “Little Liza Jane”, “My baby just cares for me” o “Strange fruit” su cuerpo se pierde para decir una música que existe más allá de lo jamás pensado, de lo correcto, de lo olvidado, de lo que se quiere olvidado. Y entonces, “¿Qué ha pasado, Miss Simone?” Simplemente que se ha cansado de luchar, se ha cansado por luchar, y necesita liberarse, aunque sea por un instante, en un escenario cualquiera, y que su nombre y su legado sean recordados, no por ella sino por lxs otrxs.

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