El nuevo Nuevo Testamento (Le tout nouveau testament), Jaco Van Dormael. Francia, Bélgica, Luxemburgo, 2015.

Dios existe y vive en Bruselas. Y dice algunas palabras más y es la “Carta al Padre” de Kafka, pero se detiene después de un par de oraciones y empieza a divagar sobre lo dicho, lo planteado, como si resolviese finalmente el conflicto, como si pudiera liberarse de la opresión del Padre, con mayúscula como el Padre Dios, que también es vengativo, caprichoso, infantil, iracundo, bestial, misógino.
Y la imaginación toma el poder, pero esta vez es la hermana de J.C. la que sale a contar la historia que está determinada por la formación de los equipos deportivos, y un mensaje puede cambiar el rumbo de lo cotidiano, un lavarropas puede ser la salida y seis apóstoles sufridos pueden comenzar a creer, pero no en Dios, no en el Padre, sino en algo más fuerte. A lo mejor es la Diosa, pero actúa de formas misteriosas y se mantiene en el misterio absoluto del cielo floreado.
Miles de ficheros del rey de un planeta desierto que gobierna las estrellas del universo de la Principita, con el empoderamiento de la pequeña cineasta de “Le hérisson” y el sistema de engranajes que gobierna “La ciudad de los niños perdidos” (o cualquier otra película de Jean-Pierre Jeunet), “Le tout nouveau testament” reinventa “La bella y la bestia” y destiñe lo sagrado, manchando lo escrito, como una pequeña tabula rasa sobre lo ya dicho, como para empezar a decir otra vez. En el principio no sabías que era el Verbo, ni qué era el Verbo. Al comienzo no sabías que era el comienzo, y ese es un buen lugar para que todo suceda repentinamente.