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Los caprichos de Julie Delpy

Un espacio sin críticos, sólo libros, películas y música conectados así nomás, como toda cosa.

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la nona

30 de julio de 2015 – II Programa 63

EN ESTA TARDE DE OTROS

Parte 1:
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Parte 2:
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Parte 1:
«Ante un ejemplar de Defense of Poetry con el sello ‘Pacific Railway Library, B. Bca., nº 185 (to be

returned within 14 days)`» de Sergio Raimondi.

Tanguito – La historia de un muchacho (Billy el náufrago)

Película: «Umberto D.» (Vittorio De Sica)

Vox Dei – Ritmo y Blues con armónica

«Yo digo adentro mío» de Jorge Boccanera.

El Reloj – Blues del atardecer

«La oveja negra» de Ítalo Calvino.

Luis Alberto Spinetta – Agua de la miseria
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Biopic: Vittorio De Sica.

Daniel Melingo – La canción del linyera

Los caprichos de la semana: Agenda cultural.

In a world: Neorrealismo italiano.

Serú Girán – Cinema verité
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Parte 2:

Divididos – Dame un limón

Película: “La nona» (Héctor Olivera)

Claudio Gabis/León Gieco – Malas condiciones.

Fragmento de «El cine Edén» de Marguerite Duras.

Lisandro Aristimuño/Boom Boom Kid – How Long

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Fragmento de la introducción de «El grotesco criollo» de Discépolo-Cossa».

Fito Páez/Joaquín Sabina – Buenos Aires

Fragmento de «Candidatos a millonarios» de Roberto Arlt.

Manal – No pibe
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Umberto D. – La nona

Umberto D., Vittorio de Sica. Italia, 1952.
La fuerza narrativa de “Umberto D.” no está en la trama, sino en la iluminación. En la iluminación y, eventualmente, en la música, que no para de acompañar al pensionado. El neorrealismo ha venido a decir: esto no es la vida, esto es cine sobre la vida. Cine. Una construcción. Un relato de hora y media que rescata la vida de un par de personajes sufridos en la posguerra.
Todo es demasiado triste. Como Umberto Ferrari, no hay manera de levantar la cabeza e intentar sonreír. La risa no es una posibilidad para ese viejo que no puede pagarse ni un techo al mes, y que busca durante toda la película a quién dejarle a Filke, su perro, para desaparecer. Para irse, perderse, morir por voluntad propia. Suicidarse.
Porque lo que ha hecho la guerra es no llevárselo. Y, agrego, no llevárselos. No ha dejado nada, más que unos pocos ricos que se juntan por las noches en la casa de una madama que sobrealquila cuartos para el romance. Se reúnen a cantar, a reír (ellos sí ríen, ellos) a usar la vajilla fina, a mirar con desprecio a ese viejo que debe un par de meses de alquiler y que seguro que apesta. Porque Umberto no se baña, casi ni come, ya no duerme, está enfermo, tiene frío, está solo.
La guerra ha dejado a unos pocos con todos y a muchos con casi nada. Ni para escribir sobre “Umberto D.” se permiten eufemismos. Umberto piensa sin decirlo que la guerra lo ha dejado librado a la muerte, cuando hasta entonces todo era muerte. ¿Por qué lo sabemos? Porque en sus ojos sin dormir la gruesa línea de la tristeza se marca muy profunda, en su mirada perdida, su ceño caído, sus manos entrelazadas, ese simple talante de hombre alguna vez respetado, en esas sombras se vislumbra el pasado, realzado por la figura de la sombra que se proyecta por las paredes y los derredores, bajo una luz muy fuerte que es la del presente, que hace estallar los recuerdos, reafirmar las soledades, volver a la guerra, a la muerte, tan cercanas, que Umberto, antiguo empleado público, no es más que un mal recuerdo ya, teñido por las cenizas de lo que ya ardió.
Umberto con Filke. Umberto queriendo pedir limosna. Umberto con una mínima dignidad resguardada, doblando su mano para no recibir la limosna. Umberto frente al ferrocarril. Huyendo en la penumbra para no ser visto. Arrastrando las explicaciones para recibir la ayuda que nunca obtendrá.
Umberto solo. Con Filke, pero solo. Umberto Domenico Ferrari. Conserva su nombre, pero es un fantasma. Es curioso que el neorrealismo haya retratado tantas almas en pena, postergadas de todo tiempo, repitiendo día a día sus penurias, sin salvación, con una luz inmensa atravesándoles el vacío. El Umberto que juega y cuida a Filke es un Umberto inexistente, olvidado, quizás no sepultado, pero muerto ya. Nada lo redime, salvo su propia existencia. Su existencia que es pura tragedia, puro desencanto, en un país que ha seguido muy bien sin él, o a pesar de él. La historia ha continuado, pero ni el pensionado ha conseguido techo, ni se ha recuperado la bicicleta para laburar en el “Ladrón de bicicletas”, ni habrá justicia en “El limpiabotas”.
Después del tren, con tanta gente en ese parque romano (Roma sin fuente de Trevi, sin Coliseo, sin iglesias eternas), la figura de Umberto D. perdiéndose entre la muchedumbre con Filke siguiendo la piña-pelota, recuerda a un sueño, recuerda a cuerpos que levitan, que flotando se alejan por algún horizonte, sin destino, sin camino, sin suelo. ¿Qué hay entonces en su andar callejero que lo vuelve tan invisible, tan ausente para ese presente de posguerra? El pasado. Umberto D. Ferrari se ha ido con la guerra, ha dejado de pertenecer, no puede adaptarse porque está diezmado, o tomando mates al costado de una ruta del sur argentino, esperando al Malacara, que también se ha ido, llevándose lo mejor de ambos, lo mejor de todos, que es el aliento a vida.

La nona, Héctor Olivera. Argentina, 1979.

Adaptaciones teatrales en el cine III: Cine argentino

En esta tercera edición de adaptaciones teatrales en el cine nos vamos a detener en las obras de teatro rioplatenses que fueron llevadas a la pantalla grande con producción nacional. Dos de las obras son uruguayas, otra de las obras fue pensada para teatro pero apareció primero en el cine, y los otros tres títulos son verdaderos clásicos del cine argentino. Acá va la lista, para nada exhaustiva, por lo que invitamos a completarla con sus películas favoritas:
“Pasión imposible”, dirigida por Luis Bayón Herrera, es una película en blanco y negro de 1943, basada en la obra teatral “Los derechos de la salud” de Florencio Sánchez. Los cruces amorosos entre dos hermanas y un escritor fueron protagonizados por Hugo del Carril, Sabina Olmos, Alicia Barrié y Eduardo Sandrini. La película tuvo varias críticas negativas, pero es parte de la época dorada del cine nacional y un clásico de la historia de nuestro cine.
los-derechos-de-la-saludDos comedias de Ricardo Telesnik forman parte de esta lista:

    • En primer lugar, “La fiaca”, una inmensa película dirigida por Fernando Ayala, cuyo guión es una adaptación de la obra homónima de Telesnik. El film (eminentemente kafkiano y arltiano) pone a un laburante (interpretado por Norman Briski) en paro personal por fiaca, mientras su esposa (Norma Aleandro) y su madre (Lydia Lamaison) lidian con el nuevo atorrante.
  • Por otra parte, Alejandro Doria adaptó y dirigió en 1990 la obra “Cien veces no debo” de Ricardo Telesnik. La comedia protagonizada por Luis Brandoni, Norma Aleandro, Andrea del Boca, Federico Luppi y Darío Grandinetti es más conocida por algunos de sus diálogos emblemáticos, como el clásico “¡Le llenaron la cocina de humo!”, en referencia al embarazo de la hija nena-bien del matrimonio.

Y ya que nombramos a Doria, vale recordar que “Esperando la carroza”, probablemente una de las pocas películas argentinas que se puede catalogar como “de culto”, es una adaptación teatral, del texto “Esperando la carroza” del uruguayo Jacobo Langsner. La obra de teatro fue estrenada en 1962 y la adaptación de Doria, protagonizada por China Zorrilla, Luis Brandoni, Antonio Gasalla, Betiana Blum, Enrique Pinti y Darío Grandinetti, fue proyectada por primera vez en 1985. “Esperando la carroza” tiene una segunda parte (de 2009), también con guión de Langnser, pero ya sin Doria.

“La nona” es una obra de Roberto Cossa que en 1979 llevó al cine Héctor Olivera. La película, protagonizada por Pepe Soriano, Juan Carlos Altavista, Osvaldo Terranova y Eva Franco, es una comedia en la que una familia decide matar a la nona que no para de comer. Obvio que la nona sobrevive, al grito de “¿Mortadela no tené?”.

Y cerramos la lista con “Conversaciones con mamá”, que tuvo un periplo diferente. Tomamos una cita del diario La Nación para narrarlo:

“El título nació como pieza teatral, pero vio la luz por primera vez convertido en un film protagonizado por China Zorrilla, Eduardo Blanco y Ulises Dumont bajo la dirección del propio autor, Santiago Carlos Oves. Luego del paso por la pantalla grande, el texto fue versionado al teatro por Jordi Galcerán, autor de El método Grönholm, para ser presentado ante el público español. Finalmente, Fernando Castets es quien llevó a cabo esta adaptación orientada a la idiosincrasia argentina”*.

Y como venimos notando hasta ahora, los nombres se vuelven a repetir: protagonizaron la obra de teatro, bajo la dirección de Santiago Doria, Pepe Soriano (como la mamá) y Luis Brandoni (como el hijo).

 * “Conversaciones con mamá” de Pablo Mascareño en La Nación. http://www.lanacion.com.ar/1468774-conversaciones-con-mama

La nona
Adaptaciones teatrales en el cine II: musicales
Adaptaciones teatrales en el cine I: Grandes directores

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